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En el “Puerto Madero” de Ámsterdam ahora viajan en botes sin conductor

Los canales de la capital neerlandesa tienen nuevos protagonistas: los Roboat, un ingenio surgido de una academia estadounidense.

El ingenio fue creado por investigadores del MIT estadounidense.

Ámsterdam puso en marcha un proyecto futurista que prevé perfeccionar la movilidad urbana, la recolección de residuos y e incluso la construcción de puentes. ¿De qué va la prometida revolución? En la capital de los Países Bajos hay un nuevo medio de transporte: embarcaciones robóticas que avanzan en los canales de agua sin un conductor de carne y hueso al mando. Esos vehículos llevan un nombre ingenioso: Roboat, acrónimo de “robot” y “boat” (bote, en inglés).

La innovación llegó a Europa desde el otro lado del Atlántico. Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Estados Unidos, por fin llegaron a la etapa de implementación de un proyecto que iniciaron en 2015. La división CSAIL del MIT, enfocada en desarrollos de inteligencia artificial, avanzó en colaboración con el Instituto de Ámsterdam para Soluciones Metropolitanas Avanzadas (AMS).

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Aquella es una ciudad ideal para este primer despliegue: a diferencia del más reducido Puerto Madero de Buenos Aires, en esa urbe hay más de 150 canales que en conjunto tienen una extensión por encima de los 100 kilómetros.

¿Cómo funciona Roboat?

Desde su germinación hasta su reciente implementación en Ámsterdam, el equipo detrás de Roboat presentó diversos modelos a escala hasta llegar a la edición actual, capaz de navegar y llevar cómodamente hasta cinco personas. No se queda allí: también puede recolectar desechos, hacer delivery de productos e incluso formar estructuras sobre los canales de agua.

La materialización del proyecto demuestra que la revolución de los vehículos sin conductor no se restringe al asfalto.

Hay más. Según cuenta a TN Tecno uno de los científicos del MIT que participa de este trabajo, Fabio Duarte, junto con la puesta en marcha de estos barcos autónomos se prevé que también monitoreen la calidad del agua en tiempo real, que inspeccionen las paredes de los canales y que ayuden a coordinar la navegación en esos caminos acuáticos midiendo el tráfico de embarcaciones mientras maneja. Además, este bote new age es 100% eléctrico y tiene una batería pequeña con capacidad de carga inalámbrica que le permite moverse por hasta 10 horas.

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Esas características son llamativas pero, acaso la más, es su capacidad de navegar en forma autónoma gracias a un software de control y percepción. “Ahora tenemos una mayor precisión y solidez en los sistemas, incluidas nuevas funciones como el modo de aproximación para las capacidades de enganche, y el posicionamiento dinámico mejorado para que el barco pueda navegar en aguas del mundo real”, explica Daniela Rus, profesora de ingeniería eléctrica e informática del MIT y directora de la división CSAIL.

En concreto, este barquito futurista usa tecnología GPS que le permite seguir una ruta, mientas continuamente analiza su entorno para evitar choques. Para ello emplea un sensor LIDAR, igual al que usan la mayoría de los coches autónomos, que le ofrece visión de 360 grados. La información que recaba en tiempo real es informada a las hélices y timoneles, que actúan en consecuencia.

Puentes improvisados, escenarios y estructuras sobre el agua: las promesas de Roboat

Otro de los encantos de estas embarcaciones es la modularidad: pueden unirse, enganchándose entre ellos, para crear estructuras más grandes. El ingenio incluye un mecanismo de cierre que opera con tecnologías de vanguardia: hay cámaras pequeñas que guían al barco y que se vinculan a otros de su misma especie mediante códigos QR.

“Este sistema permite que Roboat se conecte a otros barcos, y a la estación de atraque, para formar puentes temporales para aliviar el tráfico, así como escenarios y plazas flotantes”, comenta Carlo Ratti, integrante de la iniciativa y director del Senseable City Lab.

Sin conductor, ¿quién se encarga de la seguridad?

Los investigadores celebran que Roboat aporta un gran valor a la ciudad, pero que por razones de seguridad se han dispuesto operadores en tierra que monitorean los movimientos de los botes desde un centro de control. Ahora bien, ¿de qué sirve la autonomía si igualmente hay que apelar al ojo humano? Según explica Duarte, un único operador puede monitorear más de 50 unidades de Roboat en simultáneo.

Los investigadores del MIT CSAIL prevén llevar a Roboat a más ciudades del mundo. ¿Llegarán algún día a las pocas aguas transitables de Buenos Aires? Como fuere, la materialización del proyecto demuestra que la revolución de los vehículos sin conductor no se restringe al asfalto.