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El milagro “argentino” por el que será beatificado el Papa Pablo I

La curación “científicamente inexplicable” de una niña argentina que para la Iglesia constituye un milagro atribuido a la intercesión del Papa Juan Pablo I posibilitará que ese pontífice -cuyo papado apenas duró 33 días y su súbita muerte en 1978 suscitó sospechas de haber sido asesinado- sea próximamente declarado beato, el peldaño anterior a la santidad.

El Vaticano comunicó oficialmente que el Papa Francisco autorizó a la congregación para la Causa de los Santos a promulgar el decreto que -tras el análisis del caso por una junta médica- reconoce el milagro, el requisito para ser declarado beato luego de un minucioso estudio de la vida del católico propuesto, y ahora resta la ceremonia de beatificación.

El supuesto milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo I fue la curación, en 2011, de una chica de 13 años de Paraná, Entre Ríos, que padecía el síndrome epiléptico por infección febril (FIRES). Considerada una de las enfermedades raras, el FIRES afecta a una persona en un millón, casi siempre sin posibilidad de sobrevida o con vida vegetativa.

Aquel año Candela -que padecía una encefalopatía grave y estaba intubada- fue llevada en ambulancia a Buenos Aires, a la Fundación Favaloro. Todo había comenzado unos meses antes con un dolor de cabeza que se fue intensificando hasta que terminó internada en el hospital pediátrico de Paraná en terapia intensiva con respirador.

Roxana, la mamá de Candela, cuenta que ningún médico en Entre Ríos podía determinar qué tenía. Tampoco en la Fundación Favaloro. Hasta que años después se estableció el FIRES, una patología que sufre una persona en un millón. “En la Favaloro, Cande empeoró y hasta me llegaron a decir que vuelva a Paraná para que muera en su casa”, añade.

En una investigación, las escritoras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez relatan que la noche más oscura fue la del 22 de julio de 2011, cuando la médica la abrazó a Roxana y le dijo: “No podemos hacer nada más por ella. Cande se muere esta noche”. Roxana se fue entonces a la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, ubicada a metros de la clínica, donde siempre iba a rezar.

En el templo había conocido al padre José Dabusti, quien la contenía en esos dramáticos días, detallan Locatelli y Suárez. “Aquella noche entré y le pedí que fuera a verla”, dice Roxana. Agrega que “cuando se acercó a la cama de Cande, rezó y me indicó que pusiese las manos arriba de ella y se la encomendó al Papa Juan Pablo I”.

“Afortunadamente, el desenlace fatal nunca llegó. Unas horas después de invocar a Juan Pablo I, la niña empezó a evolucionar de manera favorable. Los médicos, las enfermeras y el personal de salud no podían acreditar lo que estaba sucediendo en ese momento”, precisan las escritoras en su investigación.

Actualmente Candela, con 21 años -que forma parte de una familia que vive en un populoso barrio paranaense-, no toma ningún medicamento y cursa una tecnicatura en Seguridad e higiene animal en la universidad, a la vez que tiene un emprendimiento de venta de miel. Además, tiene pasión por la práctica deportiva.

El padre Dabusti explica que apeló a la intercesión de Juan Pablo I porque “le tango mucho cariño”. “Cuando tenía 13 años, me impactaron su imagen, su sonrisa, su humildad. Dije ‘Vamos a rezarle a él’ y al otro día hubo una mejoría completamente inexplicable en Candela”, afirma.

Explica que, años después, le escribió una carta al Papa Francisco contándole lo que había pasado y que al poco tiempo se contactaron con él los que estaban vinculados a la causa de beatificación y se inició el estudio del presunto milagro que ahora permite la beatificación de Juan Pablo I.

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