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El lado oculto de Vitico: el bajista de Riff que zapó con los Who y tocó en Alta Tensión… ¡y no lo niega!

Esa campera de cuero. Veterana de mil batallas, testigo de noches metálicas de parranda, compañera de historias delirantes, eco de esa risa más que contagiosa de tiene su dueño. Y también uniforme que es parte del protocolo del Canciller del Rock Argentino: el señor Víctor Bereciartúa, conocido por todos como Vitico.

No importa que en esta oportunidad el encuentro sea virtual. Vitico, como antes, como siempre, luce su campera de cuero, sabedor que si no la tuviese puesta, el diálogo tendría a priori una calidad inferior.

La excusa para la charla con el bajista es la publicación por primera vez en CD de Ha llegado la hora (1985), Entertainment (1988, bajo el alias grupal de Vitiken) y No sé si voy a volver (1994). Tres discos con una historia atrás cada uno, poco reconocidos aún por las huestes acérrimas de Riff.

A los 72 años, Vitico guarda en su memoria uena parte de la historia del rock de acá. Foto Germán García Adrasti

Pero ante un hombre como éste la charla deriva hacia mil lugares del pasado, y hacia otros tantos del futuro. El porvenir es claro: shows antes de fin de año a confirmar, que repasarán tanto el repertorio de Riff como el propio. Y en cuanto a lo que ya fue, algunas revelaciones que conocíamos y otras que no tanto. Todas, eso sí, narradas con la sabiduría y el humor desopilante de siempre.

Al rescate de tres discos “que no conoce nadie”

Comienza Vitico con su narración acerca de estos tres álbumes. “El mérito es de Andrés Galante de RGS Discos”, arranca.

“Escuchaba estos discos con amigos, más que nada el primero y el tercero, y siempre destacaba lo bien que suenan. Y cuando me dieron la oportunidad de reeditarlos me dio una alegría enorme. Me decían (aflauta la voz): ‘Ay, tenés que ponerle un nombre, porque es una trilogía’. Entonces le puse Los ocultos, porque verdaderamente son discos que no conoce nadie (risas)”.

-Sin embargo, en su momento, Ha llegado la hora sonó en la radio. Lalo Mir pasaba el tema Por tu amor he sabido; había como una especie de bloque radial con ese disco, A toda mákina de Michel Peyronel y Pappo en concierto…

-​ Más o menos, porque los discos de ellos salieron antes que el mío. Yo, para no quedarme atrás, me esforcé mucho para sacar Ha llegado la hora, porque era la primera vez que grababa algo solo, con mi nombre. Fue una de las primeras baterías electrónicas que hubo: la manejó Luis Cerávolo.

Fijate que ahí empiezo a aprender como grabar solo. En el segundo y el tercer disco está el B.B. Peña, que es un baterista fabuloso que está en Francia. Eso no quiere decir que no sigamos tocando juntos, porque dejé de ser analógico y le mando cosas de manera digital, algo que todavía no entiendo bien.

Postal de rock: Vitico, su bajo, un equipo y a sonar. Foto Germán García Adrasti

-El tema Ha llegado la hora es como una especie de respuesta a tus entonces ex compañeros de Riff…

-Sí. Empecemos por esto: algunos piensan que Riff paró de tocar por la violencia. Pero no: Riff paró por la llegada del “hermanito”, que no tenía nada que ver (N. de R.: se refiere a Danny Peyronel, que tocó teclados en Riff en la época del disco en vivo Riff en acción). Yo no lo conocía, y los otros sí.

Lo que nunca entendí fue que, si lo conocían, para qué mierda lo trajeron (risas). El “hermanito” no tenía nada que ver con nosotros. En ese disco hay un par de bonus tracks en los que canta JAF, que fueron parte de un plan maquiavélico de mi parte (risas).

-En Vitiken ponés un cantante al frente, Mario Curzio…

-En ese momento sonaba Mötley Crüe, y estaba esa idea de banda. Ese disco es el que menos me representa, fue algo que pasó como un suspiro.

-Y No sé si voy a volver, el tercero de estos “ocultos”, tiene una idea más de rock sureño…

-El tercer disco demuestra que ya aprendí a grabar y a mezclar. Suena con una calidad pocas veces lograda. Todas las guitarras rítmicas las toqué yo, y los leads Botafogo.

En 1971, Vitico emprendió una aventura londinense que lo puso a tiro de tocar con los Faces y le permitió zapar con dos Who. Foto Germán García Adrasti

El día que Pappo se ofendió

-¿Esta idea de que fueran discos sólo tuyos fue lo que hizo que Pappo no haya tocado en ninguno?

-Estábamos grabando en Music Hall y estaba Boff haciendo un solo que le había pedido. De repente apareció Pappo. Pasó un buen rato, y se oye: (imita el vozarrón de Pappo) “Bueno, como estoy hace media hora acá, y no me invitás a tocar ningún tema, me voy” (risas).

El Portugués Jorge Da Silva, que estaba a cargo de la grabación, no sabía dónde meterse. Yo le dije a Pappo: “Cualquier cosa, si quiero que vos toques, te llamo”. Fue una equivocación mía. Era sacarlo a Boff y ponerlo a Pappo, y hubiera salido mejor; pero lo sentí como una imposición, y no me gustó.

Alta Tensión, anfetaminas, jeringas y Billy Bond el desagradecido

-Vayamos un poco más atrás en tu historia. Se habla muy poco de tu época pre Riff, pre todo. Vos cuando te vas a Londres, en el año 1971, habías tocado con Héctor Starc, con Billy Bond…

(Interrumpe) -Quiero corregir algo. Yo no empecé con Alta Tensión: yo empecé con Los Mods. Con Starc coincidimos los dos en Alta Tensión, sólo que yo lo digo y él no. Ojo, es un amigo, eh.

-Entonces la cronología musical tuya de ese momento sería Los Mods, y luego Alta Tensión, Billy Bond y La Pesada del Rock & Roll y La Joven guardia… En la época de Alta Tensión, ¿cómo era tocar en Mau Mau?

-Yo quería tocar, y con tal de tocar en esa época tomaba treinta anfetaminas por día. Hacíamos covers. Eso es lo que se llama “hacerse de abajo”. Y así fue como después grabé en el disco de La Pesada del Rock & Roll, de donde salí corriendo tras ver una caja de zapatos llena de jeringas.

Billy Bond vivió en mi casa del Tigre durante un mes, y al único que no nombró cuando vino hace un tiempo y le hicieron un extenso reportaje fue a mí. Mirá vos que falluto… Me fui a tocar con La Joven Guardia, y la revista Pelo me puso en la Página Negra, que era como si te dijera la grieta de aquel momento, lo de la música comercial versus la no comercial.

Lo que no se daban cuenta es que alguna música comercial también podía ser buena. Y La Joven Guardia en vivo sonaba fenómeno. Hacíamos covers de Free, All Right Now, por ejemplo…

Vítico reivindica el sonido de La joven guardia, la banda que inmortalizó “El extraño de pelo largo”. Foto Germán García Adrasti

De zapar con los Who a la plaza de los “imberbes”

-Y lo increíble es que después, en Londres, lo conociste a Paul Rodgers, el cantante de Free…

-Vino mi esposa con el teléfono y me dijo: “Vitico, te llama Paul Rodgers”. La frase es buenísima (risas). Eso fue después de haber zapado con Pete Townshend, Keith Moon y Chris Stainton en el estudio Battersea Kitchen. Así fue como me probé con lo que después fue Bad Company.

Rodgers dijo: “He fits in a way”, o sea “De alguna forma encaja”, pero con el que no había forma de encajar era con el baterista, Simon Kirke. Un tipo muy pintón Kirke: tenía una facha bárbara.

-¿Ese es el momento en el que decidís volver?

-Tenía un permiso de trabajo, pero no lo encontraba. Sucedió que los Faces pusieron a tocar con ellos al bajista japonés que había tocado con Free cuando se murió Andy Fraser (N. de R.: Tetsu Yamauchi). Y la unión de músicos ingleses le prohibió a los Faces tocar en Inglaterra. Los Faces, en aquel momento, eran más que los Rolling Stones, más rockeros, más naturales.

No iba a poder tocar y decidí volver por ese tema. Era el año 1973. Acá ya estaban cambiando las cosas. Vi el momento en el que pasaban quinientas personas, manejadas por seis, que gritaban: “¡Montoneros, carajo!”. Iban al famoso discurso en el que Perón los echó de la Plaza de Mayo (imita a Perón): “Esos imberbes…”. Ahí los Montoneros se retiran, y se autoexcluyen.

Pappo con careta, la génesis de Riff y Sandro

-En esa época medio que te guardaste un poco…

-No tanto. Con el Cuervo Tórtora, un gran amigo, hicimos algo que se llamó Capitán Maravilla, donde cantaba Carlos Bisso, quien ya no está más entre nosotros. (Carlos) Cutaia tocaba teclados y Alfredo Toth la guitarra. Una re buena banda. Fuimos a hacer la temporada de verano al Uruguay.

Después de eso me llamó Richard Mochulske, otro amigo que ya no está, para hacer una banda que se llamó Los Criss Cross. Lo llamé a Juan García Haymes (N. de R.: primer cantante de Riff), que canta como los dioses, y estábamos nosotros dos más Willy Iturri, Pablo Guyot y Emilio Kauderer en teclados. Yo les ponía caretas, y en más de un show venía Pappo y hacía playback con una careta (risas).

De ahí salió G.I.T., y de ahí también salió Riff.

-¿Vos conociste a Sandro en esa etapa previa a que te fueras a Londres, lo que después derivo en ese mítico playback para su programa?

-Sí. Sandro tardó una hora y media en salir a grabar porque se mandó a buscar un tapado de Chinchilla, e hizo poner en el lugar unos tambores de aceite que echaban fuego. Todo eso para ser más heavy que nosotros (risas).

Nos puso a acompañarlo, lo que fue un orgullo. Y el fin de semana siguiente no recuerdo donde tocábamos con Riff, y nos llegó una canasta enorme de delicatessen, de cosas ricas. Esa fue la confirmación de la estrella que era. Un tipo bárbaro.

Vitico y Pappo, una sociedad de la que el bajista se enorgullece de haber formado parte. Foto Instagram yonibert67

Memorias en stand by y una foto muy especial

-¿Qué podés adelantar de tu libro de memorias autobiográficas?

-El libro estaba terminado y vino la pandemia. La editorial pasó de sacar cincuenta libros a sacar cinco. Y me parece que hasta el año que viene ningún libro me parece viable, salvo que sea de política. Hay que tener paciencia y esperar que aclare.

Hay historias totalmente desconocidas; muchas transcurren en Inglaterra. Creo que es entretenido, porque cuento cosas que en su momento fueron catastróficas, pero al haber sobrevivido a ellas se pueden contar con gracia.

-¿Has leído los libros que salieron sobre Pappo?

-El libro de Sergio Marchi me pareció muy largo, y creo que dice cosas que no era necesario decir. Lo respeto a Sergio, y está todo bien con él. Después está el de las cien anécdotas con Pappo (N. de R. 100 veces Pappo, de José Bellas y Fernando García) que está muy bien. Pappo era un personaje extravagante y totalmente irrepetible. Es un honor para mí haber caminado tantos años con él.

En marzo de 2016, un incendio dejó la casa tigreña de Vitico reducida a cenizas. Foto clarin.com

-¿Qué pasó al final con tu casa del Tigre tras el incendio?

-Quedó reducida a la nada total. Al día siguiente del incendio me llamó un amigo, que es quien cuida los autos en el restaurant que está enfrente, y me dijo: “Encontré algo que no vas a poder creer”. Y era un pedacito chiquito de una foto de Riff en la que estábamos sólo Pappo y yo.

Que lo único que haya sobrevivido a un incendio en el que no quedó nada haya sido eso es algo sumamente extraño. El mismo día que se incendió mi casa tocamos a la noche, porque era el día del cumpleaños de Pappo, en el Teatro Gran Rivadavia. Los organizadores me preguntaban si quería tocar, y por supuesto que quería tocar: era lo mejor que me podía pasar.

Para Vitico, la reunión de Riff, con Juanito Moro, Luciano Napolitano y JAF, “sonó muy bien”.

-Por último, ¿qué tenés para decir de esta última reunión de Riff con Luciano Napolitano, Juanito Moro y JAF?

-Que sonó muy bien. Siempre estuvimos sold out, y me siento orgulloso de haber podido hacer Riff no digo sin Pappo, ya que Luciano tiene la voz igual, y hacerlo con el hijo era mantener mi palabra. Repito: lo que tengo para decir es que sonó muy bien.

E.S.

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