al-maestro-con-carino:-whitman-por-borgesSociedad 

Al maestro con cariño: Whitman por Borges

De las infinitas formas que tenemos para homenajear a Jorge Luis Borges, una de ellas bien puede ser releer los poemas dedicados a otros poetas, colegas de la historia literaria, poetas anglosajones, alemanes, ingleses, estadounidenses, argentinos entre tantos otros. En esta ocasión elijo a un poeta con quien Borges compartió un recurso principal del arte de la versificación. Es el recurso más simple quizás, ese que ya está en las genealogías  bíblicas, en los catálogos de las naves homéricas, en los catálogos de las grandes tiendas y en las listas de la literatura posmoderna también. Me estoy refiriendo al recurso poético llamado enumeración. Es un recurso muy practicado por Borges y también por “un cojo, hijo de Manhattan” según la transcripción de una de las clases de Borges: donde leyeron cojo debieron leer cosmos, dicen en Borges Profesor, Martín Arias y Martín Hadis.

En un principio la enumeración pudo tener que ver con la finalidad mnemotécnica, y según avanzan las modas y las literaturas de cada pueblo-  según avanza el inextricable tiempo-  los recursos van adaptándose a los distintos contextos. Al respecto dice Leo Spitzer en La enumeración caótica en la poesía moderna  “La enumeración caótica es una forma especial del estilo enumerativo y aunque en ella se hace uso frecuente de la anáfora y del asíndeton, no se confunde con estas formas estilísticas particulares. Las enumeraciones caóticas son como “catálogos del mundo moderno, deshecho en una polvareda de cosas, que se integran no obstante en una visión grandiosa del Todo-Uno. En la poesía de Whitman se nos ofrece en toda su pureza este rasgo estilístico que “acerca violentamente unas a otras las cosas más dispares, lo más exótico y lo más familiar, lo gigantesco y lo minúsculo, la naturaleza y los productos de la civilización humana como un niño que estuviera hojeando el catálogo de una gran tienda”. Leer las páginas y páginas de este recurso en Hojas de Hierba  por ejemplo en la sección  Salut au Monde exige hoy un modo de leer paciente, porque son versos largos y en cada verso libre, según su innovadora técnica, hay un microcosmos condensado, un aleph en cada línea expandiendo el tiempo y el espacio. En el prólogo de su libro El oro de los tigres, Borges se separa de su influencer al decir “Para un verdadero poeta, cada momento de la vida, cada hecho, debería ser poético, ya que profundamente lo es. Que yo sepa, nadie ha alcanzado hasta hoy esa alta vigilia. Browning y Blake se acercaron más que otro alguno; Whitman se lo propuso, pero sus deliberadas enumeraciones no siempre pasan de catálogos insensibles”.


Camden, 1892

El olor del café y de los periódicos.

El domingo y su tedio. La mañana

y en la entrevista página esa vana

publicación de versos alegóricos

de un colega feliz. El hombre viejo

está postrado y blanco en su decente

habitación de pobre. Ociosamente

mira su cara en el cansado espejo.

Piensa, ya sin asombro, que esa cara

es él. La distraída mano toca

la turbia barba y la saqueada boca.

No está lejos el fin. Su voz declara:

Casi no soy, pero mis versos ritman

la vida y su esplendor. Yo fui Walt Whitman.

Borges adopta al final del soneto la voz de su maestro y al titularlo Camden, 1892 está abriendo un acertijo como a veces también lo ha hecho en alguno de sus cuentos dado que Camden es la ciudad de Nueva Jersey donde Whitman compró una casa en Mickle Street en marzo de 1884 donde vivió  hasta su muerte en 1892.

por Elisa Salzmann

Galería de imágenes