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Qué fue el Plan Austral y por qué fue clave la ayuda de Ronald Reagan

En la teoría, Juan Vital Sourrouille y su equipo sostenían que el déficit fiscal (que el gobierno de Raúl Alfonsín heredó en cerca de 12%… y un default) y la emisión monetaria eran la principal causa de la inflación. Pero que antes había que desactivar un mecanismo por el cual la inflación se retroalimentaba en el corto plazo y eran las expectativas.

El éxito de los planes de Gómez Morales (1952), de Gelbard (1973) y de Krieger Vasena (1967), eran evidencia de que esas operaciones en algún momento del tiempo habían servido. Otro tema es que no habían durado. Precisamente uno de los aspectos del Austral era corregir el error del plan Gelbard que había aplicado una política fiscal más expansiva.

El equipo económico de Juan Sourrouille, mientras negociaba y cerraba los detalles de la ayuda con el Tesoro de EE.UU. y el FMI, fue aplicando medidas de corrección que eran, básicamente, aumentos de precios y austeridad en las cuentas públicas. Raúl Alfonsín salió al balcón de la Rosada a hablar de “economía de guerra”.

Antes de anunciarse el Austral se aumentaron el dólar, las tarifas públicas y la carne. La inflación se aceleró. Si la inflación en mayo era 30% en junio iba para arriba de 40% mensual.

El 14 de junio de 1985 (viernes) se anunció el programa de Reforma Económica, enseguida bautizado como Plan Austral. El austral era la nueva moneda que cotizaba a un tipo de cambio fijo de 80 centavos de austral por dólar. Se anunció que el BCRA dejaba de asistir financieramente al Tesoro. La meta del déficit fiscal bajaba a 2,5% del PBI y era financiada por el FMI y los mercados. Se creó una tabla (trabajo de Daniel Heymann, hoy asesor de Martín Guzmán) que permitió deflactar los contratos que tenían incorporado un aumento de pagos a futuro, ahora por un sendero descendente conforme a la desinflación. De esa manera, alguien que había tomado una deuda indexada a futuro, evitaría tener que pagar más y eventualmente correría un riesgo de quiebra. “Probablemente sea uno de los programas más audaces y duros que hayan regido en Occidente desde la Segunda Guerra”, había anticipado Ambito Financiero el jueves 13 de junio.

El plan Austral nació a partir de un apoyo que Ronald Reagan le brindó al gobierno de Raúl Alfonsín, en el marco de la gira del ex presidente en 1985. Argentina era una de las pocas democracias del mundo. Pero también su default era un problema para los bancos de Wall Street. Por aquel entonces la deuda soberana no se había atomizado como sucedería años después con el Plan Baker, y los títulos argentinos estaban en poder de grandes entidades en vez de inversores y tenedores individuales. Argentina, junto a México y Brasil, eran los principales deudores de Citibank, JP Morgan, Salomon Brothers y otros gigantes. Casi representaban (estos tres países), el 89% de la deuda total. Washington apoyó a la Argentina. Era la democracia de la región y Alfonsín había logrado contar una historia. “El interés por ayudar a la Argentina fue lograr una democracia estable”, contó Volcker años después.

Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal en los 80 con Ronald Reagan, fue clave en la ayuda del Austral. Fue a él quien Sourrouille le habló por primera vez (y al secretario del Tesoro) sobre la idea de un programa que adelantara los aumentos de precios, estableciera un desagio y fuera calibrando el resto de los precios. El Fondo Monetario, Jacques De Larrosiere, era el director, se opuso primero y luego dio luz verde.

Todas las cuentas que el equipo económico había hecho para abril-mayo de 1985 empezaron a quedar viejas rápidamente cuando en julio de eso año Volcker subió las tasas todos los meses hasta diciembre. El dólar empezó a apreciarse a nivel mundial y los commodities a caer. El maíz (principal cultivo por entonces), cayó 25% en un año. Un derrumbe mortal para aquella economía.

Washington le había dado a la Argentina unos US$ 3.000 millones para arrancar el Austral.

Sourrouille fue a ver a Volcker.

– Tengo dificultades con sus políticas y el plan que lanzamos.

– ¿Sí?

– ¿Qué hacemos?

– Chapotear en el barro, habrá que navegar.

Consultado sobre aquel diálogo varios años después, Volcker diría sobre Sourrouille. “Fue un economista de primera clase y un hombre valiente en hacer aquello”. En menos de diez meses el plan Austral empezaba a quedar irreconocible.

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