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Murió Juan Vital Sourrouille, el creador del Plan Austral: hitos del ministro de Raúl Alfonsín, que cenó mil veces con él en Olivos

Juan Vital Sourrouille perteneció a una raza de economistas que se extingue en Argentina: fue alguien calificado para la burocracia estatal, que hizo silencio después de conducir la economía y un técnico que no concebía razonar la economía si no era en un contexto político, siendo capaz de ponerse en los zapatos de la persona que toma decisiones. Los primeros dos rasgos ya poco se ven. Sobre el último, en cambio, parece haber más consciencia entre los economistas que, de a poco, se vuelcan cada vez más a la política.

“Mi Presidente tenía la atención puesta en los militares y no en la economía”, le dijo a un grupo de economistas de Cambiemos que fue a verlo poco antes de que Mauricio Macri asumiera su gestión, para tener una charla con ellos. “¿Qué tanto ustedes conocen a su Presidente”, los interpeló. Sourrouille decía que era un aspecto crucial del trabajo del ministro de Economía, conocer al Presidente. Calculaba que había cenado unas mil veces con Raúl Alfonsín en Olivos siendo ministro de Economía.

Sourrouille no se graduó como economista. Cuando cursaba en la UBA (para contador público) no existía aún la carrera y se inscribió en uno de los cursos de Julio H. Olivera. Era compañero de Guillermo Calvo, entre otros. Sin sentirse atraído por la vida académica, se insertó rápidamente en el mundo de la administración y las políticas públicas.

En 1963 ingresó como economista en el Consejo Nacional de Desarrollo, bajo la órbita de Roque Carranza. Arturo Illia era el Presidente y la Conade elaboraría el primer plan de desarrollo integral del país 1963-1983.

Planificar en economía es difícil y en Argentina más. Nadie pensaba que veinte años más tarde la economía que dejarían los militares sería “600% de inflación, un default y un déficit fiscal total de 12 puntos del PBI”, recuerda Ricardo Delgado, que escribió hace días en el diario El Economista una semblanza del trabajo de Sourrouille.

Por aquella Conade pasaron tres estrellas de la economía y de Harvard: Simon Kuznets, Wassily Leontief y Ricard Malon. Sourrouille se subió al vagón y fue a estudiar a Boston de la mano de Mallon. De allí salió un libro que se llamó La política económica en una sociedad conflictiva, el caso argentino.

Era el año 1973. Su tesis principal era que la conducción de la economía argentina no lograba adaptarse a las demandas de la sociedad y eso repercutía en el estancamiento.

De regreso en Buenos Aires, Sourrouille fue director del Indec, trabajó en la CEPAL y, en la dictadura, dio clases en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (años más tarde sería su presidente). Allí dio clases y conoció a economistas como Roberto Lavagna.

En el final de los militares, Sourrouille no se definía ni como radical ni peronista. Pero no ocultaba que la mayoría de sus contactos estaban emparentados con Alfonsín.

En la campaña del 83 el candidato racial hizo una reunión con referentes de la economía de su partido. La inflación era 350% anual. El encuentro duró ocho horas y el candidato escuchó dos propuestas para bajar los precios. La de Bernardo Grinspun, un economista de la generación de Illia, y la de Sourrouille, que había ido acompañado por Mario Brodersohn y Adolfo Canitrot.

La primera priorizaba desatender el pago de la deuda, ir por “la nuestra” y que la economía crezca. Los más jóvenes, criticados por Grinspun, hablaban de una corrección fiscal.

Alfonsín eligió a Grinspun como ministro, priorizando la ideología y los principios del viejo radicalismo.

“Juan, quiero que usted se haga cargo de la Secretaría de Planificación. Dígale también a Canitrot”. Sourrouille convocó a varios nombres que para entonces había reclutado: José Luis Machinea, Ricardo Carciofi, Juan Carlos Torre, Jorge Gándara, Jorge Lucangeli, Carlos Bonvecchi, Roberto Da Bouza y Oscar Cetrángolo.

El plan Grinspun estalló y Alfonsín llamó a Sourrouille.

“Presidente, no veo garantías para el éxito”, le dijo el economista cuando fue convocado. “Tampoco yo Juan”, respondió Alfonsín. “Pero peleemos y vamos viendo”.


El ministro de economía Juan Sourrouille recibe al banquero estadounidense David Rockefeller quien concurre acompañado de la empresaria Amalia Fortabat,el 13 de enero de 1986. (Enrique Rosito / DyN)

En el verano de 1985 la inflación oscilaba, con mucha volatilidad, entre 30% y 40% mensual.

La idea del Plan Austral nacería al poco tiempo, en el marco de una gira de Alfonsín a Washington. Argentina era una de las 34 democracias del mundo y el presidente argentino era reconocido por ello. Alfonsín habló en el Capitolio, en los jardines de la Casa Blanca y, más tarde, hubo una reunión en el Salón Oval en el que estuvieron, de un lado, el Presidente, Dante Caputo y Juan Sourrouille. Del otro, Ronald Reagan, James Baker y David Mulford. Comenzaría la maquinaría para darle forma a una reforma monetaria y de estabilización que nacería en junio de 1985. Todo con apoyo del Tesoro y del FMI.

Sobre los resultados del Austral hay decenas de libros y papers escritos. Pero ante todo la contundencia de un resultado: pasó la inflación de 35% mensual a menos de 2%. Alfonsín ganó las elecciones legislativas de 1985 por una diferencia mayor que las de 1983.

La política nunca dejó de condicionar a la economía y Sourrouille comprendía, en esas mil cenas en Olivos, a un presidente presionado por las fuerzas de seguridad. Era lo que él había modelizado bajo el concepto de una sociedad conflictiva. “Si los salarios no le ganan a la inflación es mi problema, pero si la inflación sube es su problema, a mí no me importa”, le dijo una vez Saúl Ubaldini.


Sourrouille decía que había cenado mil veces con Alfonsín en la Quinta de Olivos.

Sourrouille recurrió a maquillajes como el Plan Primavera y el Australito. La economía había ya empezado a perder sus anclas, agravadas además por la suba de tasas de Estados Unidos en la era de Paul Volcker.

Ayer el economista mereció el reconocimiento de gran parte de la profesión. Radicales, peronistas, liberales, ortodoxos.

¿Cómo puede ser si la economía de Alfonsín terminó en hiperinflación? Sourrouille se retiró del debate público, aunque siguió investigando y conversando con líderes políticos. Hace unos años luchó contra un cáncer de colon. Le iba ganando. Era hincha de Banfield (de Adrogué).

En 1989 Alfonsín tuvo que desprenderse de él porque Eduardo Angeloz, candidato radical que competía con Carlos Menem, se lo pidió.

¿Pero se venía la híper o no? “Una híper nunca es pronosticable”, dice Juan Carlos De Pablo. “Los indicadores estaban complicados, pero no estaba claro que venía una híper. En todo caso la intensidad de lo que vino tuvo que ver con esa fatal decisión que Alfonsín tomó contra su voluntad de poner a Juan Carlos Pugliese como ministro de Economía en marzo de 1985. “Con su frase ‘les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo’, si había alguna duda de que la gente fuera a comprar dólares, eso se concretó enseguida”. La brecha entre el dólar oficial y el financiero llegó a 130%. “Hoy en Argentina hay que mamar planes como el Austral”.

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