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Coronavirus. Murió Carlos Sereday, médico del Hospital del Quemado

Tenía 66 años y era un reconocido cirujano plástico con especialización en quemados. Según cuentan sus colegas, continuó trabajando incansablemente durante toda la pandemia. Pero en enero se contagió de coronavirus y cursó un cuadro grave. Falleció este martes en el Hospital Mater Dei, donde también trabajaba. Allí estaba internado intubado desde hace tres semanas por falla respiratoria.

Desde ese sanatorio se realizó una misa de despedida por un médico muy querido en la comunidad: participaron más de 300 personas en un Zoom que se avisó con muy poca anticipación.

Carlos Emilio Sereday era Jefe de la Unidad Cirugía Plástica del Hospital de Quemados de Buenos Aires, donde realizaba más de 600 procedimientos por año. Docente apasionado, formó a numerosas camadas de residentes y concurrentes. Muchos de ellos le están rindiendo homenaje por estas horas.

“Era toda una aventura ir contigo al quirófano, porque te saludaba desde el señor de seguridad hasta el director del sanatorio”, dijo un integrante del equipo de cirugía del Hospital del Quemado, que participó del acto de despedida que se montó ayer en un patio de la institución. Según recuerda, el día que lo conoció a Charlie -como llegó a llamarlo con el tiempo-, vestía un pantalón bien planchado, zapatos ochentosos y una enorme sonrisa. Entonces él era residente. “Las tres primeras palabras que me dijiste fueron de cordialidad, conocimiento y optimismo”, recordó emocionado.

Sereday se recibió de médico de la Universidad de Buenos Aires en 1979, entonces tenía 24 años. Pronto realizó la residencia en Cirugía General, especialización que lo acompañó toda su vida. Por fuera de su labor en el Instituto del Quemado, coordinaba un equipo de especialistas que trabajaban las 24 horas para atender cirugías reparadoras en diversos sanatorios de la ciudad. Según describen sus amigos, Carlos trabajaba en el sector privado pero amaba el hospital público. Era también, desde hace más de 27 años, miembro titular de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires, donde llegó a tener cargos en la Comisión Directiva.

Activo socio del club CUBA, solía colaborar con la revista interna y sacar fotos en las distintas competencias deportivas. Padre de dos hijos, disfrutaba de jugar al golf y era un apasionado de la fotografía.

“Fue el ejemplo de un luchador y murió en la línea de batalla”, recuerda Jorge Pedro, colega y amigo. “En las últimas semanas de diciembre faltaban médicos en el Hospital del Quemado y Carlos bajaba a los consultorios externos acompañado de un residente. No es nada común que un jefe de servicio atienda un consultorio, que suele estar reservado para los más junior”, explica. Pedro destaca que Sereday siguió trabajando incansablemente cuando por edad podría haberse tomado licencia. Lo considera un ejemplo del “sacerdocio” que siguen ejerciendo los médicos durante esta pandemia: tarea descomunal y mal paga.

Para Alejandro Reca, amigo desde hace treinta años de Sereday, Carlos “era la sonrisa y la generosidad”. “Tenía extrema devoción por su profesión y hacía un culto a reírse”, explica. El deporte que mejor practicaba: el de la amistad.

LA NACION

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