Multar es saludPolítica 

Multar es salud

Lic. Clementi Rosso – Sommelier de la política

¿Justo ahora tenemos que ir a visitar a ese tío abuelo que no vemos desde que el dólar costaba un peso? Foto: CEDOC PERFIL

Entre los médicos que explican que el virus es más peligroso que mojarle la oreja al Demonio de Tasmania y los economistas que sostienen que la cuarentena es más riesgosa que comprarle un auto usado a Chano, la gama de opiniones sobre la situación actual es tan amplia como variopinta. En Facebook hay especialistas que postean videos  capaces de meter miedo a Freddy Krueger, en tanto que en Twitter se desparraman consignas del tipo: “Nada mejor que salir a correr sin barbijo para sentir en la cara el viento de la libertad”. El ciudadano común se siente un estúpido si permanece encerrado en su casa. Pero cuando atraviesa la puerta de calle, en su mente parece resonar la música de ‘Psicosis’”.

Entonces, una buena sanción en efectivo ayuda a poner las cosas en claro. Porque la gente puede no sentir temor ni siquiera ante la posibilidad de pasar un semáforo en rojo y que se le cruce un peatón delante. Ahora, frente la amenaza de tener que pagar una multa onerosa, todos se vuelven más buenos que el Chavo. Los tapabocas que antes tan molestos resultaban, se transforman en un comodísimo y coqueto adminículo como por arte de magia. Y las idas “impostergables” a comprar un collar para el perro o un chorizo de esos que van debajo de la puerta, son rápidamente pospuestas por tiempo indefinido.

Desde el gobierno se insiste que en que el virus no nos busca sino que somos nosotros los que lo vamos a buscar. Pero hay algunos que se muestran más interesados que otros en encontrarlo. Nadie duda de que las reuniones familiares son necesarias después de tantos días de confinamiento. Ahora… ¿es imprescindible que justo en este momento vayamos a visitar a Sebastián Elcano a ese tío abuelo que no vemos desde que el dólar costaba un peso? ¿O que intentemos reconciliarnos con una novia que nos abandonó porque descubrió en nuestra billetera una foto de la rubia de Abba?

La cuestión es que, si estuviéramos insertos en una miniserie, ya vendría siendo la hora de pedirle al guionista que rinda cuentas, sobre todo por el asunto de las subtramas. Tanto quilombo se armó con Vicentin y ahora se baja la intervención de un plumazo. ¿Se habrá querido con esa iniciativa mantener la fuente de trabajo para los trolls de uno y otro lado? Es como si la semana que viene se dijera que con la reforma judicial no se pretende ampliar el número de miembros de la Corte Suprema sino reducirlo. O como si Axel Kiciloff anunciara que los runners tienen vía libre en la provincia de Buenos Aires. ¡Así no hay grieta que aguante!

En Córdoba, el gobernador Juan Schiaretti vuelve a entrar en esa disyuntiva que lo carcome desde el año pasado. Si apoya el proyecto de Alberto Fernández, se arriesga a que el electorado cordobés lo castigue por faltar a sus promesas. Y si no lo hace, la Nación podría cortarle el chorro y serían los tenedores de deuda los que lo acusarían de haber prometido en vano. Fue entonces que me consultaron desde El Panal y recomendé multar a los infractores de la cuarentena: con los rebeldes sin causa que somos por acá, si logran que cada persona que deambule sin barbijo pague 4 mil pesos como resarcimiento, no solo alcanzaría para saldar lo debido en el exterior sino que hasta se podrían construir otros diez carriles en la circunvalación y agregarle más anillos que Saturno.

Me dicen que en la Provincia cayó como un balde de agua fría la mención a Córdoba que hizo el Presidente en su mensaje del viernes, cuando nos citó como ejemplo de que con el distanciamiento no alcanza para frenar la propagación del Covid-19. “Ole que en el Amba la están pasando joya”, me comentó un allegado al mandatario cordobés, a quien se lo escuchaba más sacado que ambientalista en el Zoo. Y, de paso, me confirmó que se suspende el Festival de Doma y Folklore de Jesús María. “Había terror de que los únicos domadores que vinieran a inscribirse fueran los jinetes del apocalipsis”, me explicó sin perder su tono de irritación.


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