Axel Kicillof fue a ver a Rodríguez Larreta, pero no hubo acuerdo y la Provincia se niega a una mayor flexibilización

La provincia de Buenos Aires continuará con apertura parcial, acotada, bajo estricto protocolo, en actividades industriales, con fuerte restricción al comercio, sin salidas recreativas, y cordones sanitarios compulsivos en villas y asentamientos comprometidos por la pandemia de coronavirus​.

Así se resume la postura que Axel Kicillof elevará este jueves a consideración de Alberto Fernández, y el Comité de Emergencia de sanitaristas y epidemiólogos que asisten al Presidente. Antes, el gobernador transmitió parte de esta agenda al jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta​, que propone una mayor flexibilización de la cuarentena en la Ciudad

Ambos revisaron la nómina de acciones con los datos en la mano: el martes se registraron casi mil contagios en todo el país. De ellos, 488 en territorio bonaerense y 371 en Capital Federal. Por primera vez en el último mes, Buenos Aires supera a la Ciudad en cantidad de infectados en un día. El virus manifiesta un desplazamiento.

Ese es el soporte de estadística epidemiológica que la Gobernación exhibe para mantener, sin cambios, la fase 3 de la cuarentena en el Gran Buenos Aires.

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Por eso, Kicillof procuró el encuentro con Larreta. La primera comunicación de la mañana fue telefónica. A la tarde, el gobernador se trasladó en helicóptero a la Ciudad, y permaneció 75 minutos en la oficina del jefe de Gobierno, en el edificio de Parque Patricios. Ambos establecieron línea preliminar de acuerdo para “optimizar” los controles interjurisdiccionales, monitoreo constante del servicio de transporte público y sistema integrado de salud, con participación de Nación. El último ítem es concordante con un dato: el 43% de la asistencia hospitalaria porteña estuvo destinado en los últimos años a pacientes provenientes de la Provincia.

“Estamos buscando la manera de tomar decisiones que provoquen el menor impacto posible en la circulación viral”, explicaron desde ambas administraciones. “La idea es llegar a la Rosada, el jueves, con algo consensuado”, anticiparon en las cercanías de Larreta. Se preocuparon en ponderar que se trató de “una buena reunión”.

Algo habían adelantado el lunes cuando estuvieron con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero​. “Nosotros avanzamos con el freno de mano puesto”, graficaron colaboradores de Kicillof a Clarín. “Tenemos que seguir analizando si el registro de contagios de este martes fue un salto esporádico o si van a seguir creciendo a este ritmo”, insistieron. Ya lo adelantó el viceministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, “con estas evidencias de la realidad no hay condiciones para flexibilizar”.

Contrasta con la perspectiva de la Ciudad, donde el ministro de Salud, Fernán Quirós​, asegura que la curva de casos en ese distrito “se estabilizó”. La idea es habilitar actividades de “bajo riesgo”, que incluye negocios de ropa y calzado y hasta habilitar running y actividad física con bicicleta.

El parte diario parece confirmar el pronóstico. La curva no representa un “serrucho”. Quirós refiere que comienza a “amesetarse” entre los 300 y 400 casos. No habrá retorno posible, si se mantiene la misma tendencia. Es la posición de Larreta, más allá de “espíritu colaborativo” demostrado hasta ahora con la Provincia. Palabras que surgen de su gabinete.

Esa es la diferencia: la Provincia comienza a tener manifestaciones de cierta dispersión en la acción del virus. La semana anterior hubo un brote en la Villa Azul, en Avellaneda-Quilmes, que obligó al aislamiento total de 3.500 personas, con vigilancia policial (300 efectivos) y un contingente de 320 paramédicos encargados de testeos. Hubo que distribuir 60 toneladas de alimentos. En la villa vecina, Itatí, también se dispuso un cordón sanitario. Y a las 72 horas la villa José Luis Cabezas, en Ensenada-Berisso, también tuvo un cerrojo total por la detección de contagios.

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La alerta surge de una comprobación: en la Provincia están instaladas 1.800 asentamientos. Sin la infraestructura mínima de servicios. Allí, las formalidades de aislamiento, la distancia de metro y medio, de aseo u otras consideraciones resultan poco menos que imposible. Ejemplos sobran. En Villa Azul, los pasillos que conectan la vecindad miden 80 centímetros. ¿Cómo evitar el contacto por traslado de un lugar a otro?. Si el 60% no tiene red de agua corriente, ¿cuál es el estándar de higiene exigible ¿. Dificil aislarse en 30 metros cuadrados donde conviven promedio de 4,5 personas.

Pero, no se agota la preocupación en ese paisaje miserable. En el Interior bonaerense también despierta la pandemia. En Capitán Sarmiento, en el último fin de semana, pasó de no tener casos, y de evaluar un ablande del aislamiento, a la zozobra porque un empleado de la Granja avícola Tres Arroyos se contagió y ahora se paralizó la actividad fabril. Todos los trabajadores están bajo sospecha de infección. Se realizan testeo.

En Necochea, por negligencia, durante un baby shower clandestino se contagiaron, al menos, 20 personas. La intendencia decidió volver a la fase anterior de la cuarentena.

En medio, transita una fuerte pulsión de aquellos sectores que están paralizados por las medidas de restricción. En La Plata y Mar del Plata comerciantes presionan por una apertura controlada de sus negocios. Hacen manifestaciones. Están al borde la extinción, sostienen. Sin venta y pagando alquileres, tasas e impuestos “como si nada ocurriera”.

Noventa días de cuarentena multiplica los dramas.

“Entendemos el agotamiento mental y económico de la gente, pero ingresamos en la etapa más ardua de contagios y necesitamos extremar los cuidados para evitar “estresar” el sistema de salud”, es la exhortación oficial.

Resume la incertidumbre. Precisamente, la debilidad que todos comienzan a percibir y que aumenta las angustias de este lado del Riachuelo.

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