Las reformas que aún no se concretaronEconomía 

Las reformas que aún no se concretaron

Mauricio Macri ya hizo saber que, si gana las elecciones, hará una serie de reformas para reactivar la economía.

En el último año de gestión del gobierno de Mauricio Macri, en esta recta final plagada de baches, impera la sensación de que las principales reformas estructurales que necesitaba la economía han quedado en el tintero. Se trasluce que Cambiemos priorizó ganar elecciones antes que implementar medidas de fondo que podrían haberle restado votos.

En estos casi 7 meses que le quedan a la actual administración, en medio del tembladeral político que siempre significa un período con elecciones presidenciales, existe la certeza de que ningún cambio será impulsado. Las reformas que buena parte de los economistas y el establishment reclama en materia fiscal, laboral, educativa, previsional, quedarán para el 2020, en el mejor de los casos.

Lo curioso a la hora de indagar a los especialistas es que todos coinciden en que el Gobierno marchó en el sentido correcto. El problema fue, en definitiva, la velocidad de la marcha. De mayor a menor, intentó llevar adelante una reforma impositiva gradual de cinco años, pero el proyecto fue fagocitado por la crisis; apenas si cambió la fórmula para calcular los haberes jubilatorios, y poco y nada hizo en lo laboral y educativo.

La interpretación es que el gradualismo, esa política tibia, no sólo no pudo superar los escollos de una economía con severos problemas estructurales, sino que además dio tiempo a que los sindicatos, con su casta de eternos dirigentes, se organizaran para poner palos en las ruedas. Y así, las buenas intenciones quedaron en nada.

DIAGNÓSTICO. Las reformas no se hicieron, pero para entender mejor el fenómeno de cómo deberían haberse llevado adelante es necesario analizar el espectro económico como un todo. Abordar una generalidad que tiene, en su interior, un sinnúmero de particularidades encadenadas. Cambiar una implica afectar a todas las demás.

“Argentina no está ahora en condiciones de platearse muchas reformas. Se podría decir a grandes rasgos que nuestro país debe encarar las reformas denominadas de primera generación, cuando hay otros países que ya van por las de cuarta o quinta generación. A nivel macro, lo primero que hay que conseguir es la estabilidad económica. Es la base fundamental para luego poder implementar las reformas que son necesarias. Hay que lograr equilibrio fiscal, controlar la inflación y tener una política cambiaria predecible”, le explica a Fortuna el economista de FIEL, Juan Luis Bour.

La situación dista de ser sencilla. “El Gobierno está en el camino correcto y busca el equilibrio primario. Este es un proceso que requiere de mucho trabajo –aclara el experto-. Hay, por ejemplo, muchos impuestos distorsivos, pero si los levanta de golpe el equilibrio fiscal se va de las manos”.

Según Bour, la lista de cosas por hacer es larga. “Hay que repensar el tema de las jubilaciones y pensiones. Cómo se va a sostener un sistema que se lleva 11 puntos del PBI. Y ese gasto va a incrementarse. Además, parte de la población tiene pensiones sin haber contribuido al sistema. La región ya se lo planteó y está llevando adelante reformas. Argentina aún ni lo piensa”.

Y agrega: “Otro tema es el sobreempleo del sector público. Mientras que la matrícula pública cayó en las escuelas, los docentes se duplicaron. Eso en lo que tiene que ver con el gasto provincial. Hay en las cuentas públicas un peso del gasto por cuestiones clientelísticas. El problema del exagerado empleo público es algo que tampoco se resuelve de un día para el otro”.

TRABAJO. Aquí es donde empieza a tallar el tema de la reforma laboral. “Es un tema viejo y finalmente lo termina haciendo el mercado –dice Bour-. Hoy todos los jóvenes mayormente son free lance, están por afuera. Hay que pensar una reforma laboral más allá de lo que piensen los Moyano de turno. Aquí el problema, además, afecta al comercio exterior. No se puede abrir la economía sin antes hacer la reforma laboral, ya que de lo contrario se dejará demasiado expuestas a las compañías locales en materia de competitividad”.

En la economía como fenómeno sistémico todo tiene que ver con todo. Como resalta el economista, “la reforma impositiva impulsada por Cambiemos fue parcial y gradual. Lo tributario choca con el problema fiscal. Si no se hace la reforma fiscal y se achica el gasto, no se puede modificar el esquema impositivo. Todo está encadenado. En este momento el Gobierno no hace nada de este tipo. Perdió la confianza y no puede avanzar en estas reformas. No puede impulsar nada votable”.

Los empresarios suelen reclamar una reforma laboral que los alivie de la carga impositiva que comprende parte del salario en blanco, y que además se modifiquen las leyes en materia de despidos. Campea la idea de que flexibilizar, tomar y despedir personal sin mayores costos, le permitiría al sector productivo ganar en competitividad frente a la producción extranjera.

El tema no es sencillo de abordar y la Argentina no es un todo en sí mismo. Existe una compleja heterogeneidad. Por ejemplo, según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, en el 1° trimestre del 2018 se observaba que en el área metropolitana el 66% de los asalariados registrados son privados y un 34% son empleados del Estado; en la región centro y patagónica, el 58% son asalariados privados registrados y el 42% son empleados públicos; mientras que en el norte, el 41% son asalariados privados registrados mientras que el 59% son empleados públicos.


La recesión tampoco ayuda a ordenar las cosas. De acuerdo a datos de la consultora Ecolatina, a lo largo del año pasado el empleo registrado cayó 1,5%, lo cual implicó la pérdida de alrededor de 191.000 puestos de trabajo. A la hora de pasar el peine fino, los asalariados privados cayeron 2,1%; los cuentapropistas retrocedieron 3%; y los empleados públicos apenas mermaron un 0,2% en su cantidad.

IMPUESTOS. A lo largo de tres años el Gobierno no ha logrado aliviar la mochila impositiva que hace de la Argentina uno de los países con mayor presión fiscal en el mundo. Hubo sí el ya mentado intento por llevar adelante una reforma gradual que poco y nada benefició a empresarios y consumidores.

Desde Córdoba, el economista Ariel Barraud, miembro del staff del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), destaca que “la reforma impositiva impulsada por el Gobierno fue más bien una modificación. No se la puede llamar reforma ya que no fue algo integral, no había un plan de este tipo”.

Y agrega: “La idea del Gobierno fue que la empresa ganara en competitividad bajándole algunos costos. El punto principal, quizás el problema, tuvo que ver con el gradualismo con que se implementó el proceso. El enfoque era correcto, se apuntaba a bajar retenciones, eliminar Ingresos Brutos. De hecho se firmaron dos consensos fiscales”.

Pero, “luego la economía metió mucha presión. La reforma impositiva se planteó a muy largo plazo. Eran cinco años. En el primero casi que ni se notaba, y luego a partir del 2019 comenzaría a sentirse cierto efecto. La idea de bajarle los costos a la empresa, la actualización de escalas de Ganancias, todo fue gradual, no de shock. En el camino no se tocó el IVA y tampoco el monotributo”.

Claro que en un Estado como el argentino el gasto público siempre termina siendo un condicionante a la hora de bajar impuestos. “La pregunta es juntar plata, pero para pagar qué –cuestiona Barraud–. El nivel de recaudación condiciona cualquier tipo de reforma si el gasto público es elevado. Por eso necesitaron subir las retenciones para llegar al déficit cero. Todo plan de reforma impositiva estará condicionado por el nivel del gasto púbico”.

“Si bien creo que el Gobierno tiene el enfoque correcto, lo condiciona la política. El gasto en seguridad social condiciona lo que se va a hacer. Sólo el cambio en la fórmula para calcular los haberes jubilatorios generó un descalabro político y mucha resistencia. Ese es el principal gasto a financiar y va a seguir siendo así para el próximo gobierno”, acota.

Lo que ocurrirá con este tema en un segundo mandato de Cambiemos o bien con otro gobierno es un albur. “Va a haber que hacer algo. El tema del tamaño del Estado ya está puesto sobre la mesa para ser discutido. Es demasiado grande para sostenerlo con esta estructura impositiva que no genera ni eficiencia ni equidad. Creo que un próximo Gobierno no pondrá tanto el acento en la reforma, sino que se volcará a combatir la evasión”, concluye Barraud.

JUBILACIONES. El del gasto previsional es un nervio sensible en la estructura del Estado. Es adonde todos los expertos apuntan a la hora de pensar en talar el déficit fiscal, y es al mismo tiempo el terreno en el cual todos quedan atrapados, atorados en una maraña de jubilaciones, pensiones, planes sociales y demás beneficios que costea la sociedad toda.

De acuerdo con el índice Mundial de Pensiones de Melbourne, Chile está entre los mejores países del mundo ocupando la octava posición global con 69.3 puntos de 100 posibles; Colombia (62,6) y Perú (62,4) se encuentran en el nivel C+, aún con significativos riesgos y deficiencias, mientras que México (45,3) y Argentina (39,2) se mantienen en el nivel D ante las carencias que presentan sus sistemas de planeación para el retiro y que ponen su sustentabilidad en duda.

El sistema de cobertura universal cruje. Los datos duros también revelan que algo no está bien en el diseño actual. Según cifras del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) en los países desarrollados el 18% de la población tiene más de 65 años de edad y el gasto público previsional asciende a 10% del PBI. En cambio, en Argentina la población con más de 65 años de edad es apenas el 11% pero el gasto público previsional nacional y provincial asciende al 12% del PBI.

El tema de la edad jubilatoria a la hora de hablar sobre la reforma del sistema previsional es lo primero que se pone sobre la mesa. Claro está, no todos están de acuerdo con que sea ese el núcleo duro del problema. “La excusa de la edad es una imbecilidad que no tiene sustento técnico ninguno –enfatiza ante Fortuna el defensor de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, Eugenio Semino-. Se discute desde ahí cuando la base de la discusión es que no puede considerarse sustentable un sistema que le paga menos de un tercio de lo que es la Canasta Básica de cobertura de necesidades a un jubilado”.

Según el experto, Argentina era el país más envejecido de América Latina hace tiempo con 71 años, pero hoy es el séptimo. El más envejecido pasó a ser Chile con 80,3 años. Luego le siguen Uruguay, Cuba, Costa Rica, Panamá y México.

El nudo de la cuestión entonces a la hora de plantear cambios no debería ser la edad, según explica Semino, sino la forma en que se financiará la cobertura del sistema. “Lo que hay que hacer es todo lo contrario al recorte, ese debe ser el sendero a seguir. Los países europeos que hicieron reformas empezaron a discutir sobre la base del haber. La base de la discusión es el financiamiento. Hay 35% de trabajo no registrado que aporta cero y es muy caro para el Estado”, advierte.

El Gobierno, que no ha hecho casi ningún movimiento en la materia, ha decidido en este año electoral apuntarle primero a los regímenes especiales como una manera de adentrarse en el problema previsional. Por caso, el de los choferes de colectivos, que se retiran a los 55 años con 30 de aportes. Los sindicalistas, reunidos en mesa redonda, ya le hicieron saber al Ejecutivo que no aceptarán, una vez más, ningún cambio.

“El gran objetivo es el régimen nacional. Los regímenes especiales son más simbólicos que efectivos. Se los relaciona con jubilaciones de privilegio, pero no lo son”, aclara el doctor Eugenio Semino.

Y agrega: “El sistema no es sustentable si la guita se usa para otra cosa. Quienes hablan de eso se llevan plata del sistema permanentemente. El Gobierno tomó 86.000 millones de pesos en diciembre y 10.000 millones en enero del Fondo de Garantías. Es un fondo anti cíclico que tiene más de 1 billón de pesos”.