Sanción por no denunciar el bullying en las escuelas: ¿Solidaridad y empatía por decreto?Sociedad 

Sanción por no denunciar el bullying en las escuelas: ¿Solidaridad y empatía por decreto?

Pocos días atrás, la Comunidad de Madrid dictó una norma que sancionará a todos aquellos estudiantes, profesores o familiares que conozcan un hecho de bullying y no lo comuniquen. Luego de una seguidilla de situaciones graves vinculadas al acoso entre pares en la escuela, surge este decreto “urgente” que pretende solucionar una problemática que se arrastra desde hace décadas. Se busca castigar a los espectadores con penas graves, que pueden llegar a la suspensión, en la creencia de que así –tal vez– el problema se termine.

Sin pretender ser dueña de la verdad absoluta en esta cuestión tan complicada, creo que aplicando una punición sobre aquél que también es víctima no haremos otra cosa que agravar el problema.

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El silencio de los chicos no se debe exclusivamente a que se sientan amenazados por sus pares. Los chicos no hablan porque nos perciben a los adultos como ineficientes frente a una situación de bullying. Se callan porque consideran que nosotros –padres, madres, profes– vamos a empeorar las cosas después de escucharlos. Si no nos damos cuenta de eso, podremos sancionar, castigar, multar y suspender a los espectadores, sin mejorar la situación.

Por el contrario, trabajar en prevención del bullying significa construir con los niños, niñas y adolescentes, espacios compartidos de convivencia en los cuales los conflictos tengan lugar, puedan ser trabajados y sirvan para crecer. Se trata de dar lugar a que aparezca lo amoroso, a promover un clima en el que el odio y el desprecio hacia un par no enaltezcan a nadie. Dar espacio a la palabra y la reparación, al encuentro con el otro, a la empatía y la posibilidad de pensar qué hacer y cómo hacer CON el otro.

Establecer como norma prioritaria la punición, pretender que los niños sean “buenos” por miedo al castigo, es –si se me permite– antiguo, y va en contra de lo que queremos construir.

Una escuela que no puede ver el sufrimiento de sus integrantes, difícilmente alcance a escuchar a quien viene a denunciarlo. Tal vez, entonces, exigir delaciones y castigar aparezca como una forma más fácil de mostrar que “nos estamos ocupando del problema”.

Espero que podamos pensar y establecer normas de convivencia que incluyan consecuencias reparatorias con un sentido pedagógico, que den voz a la comunidad, que habiliten a los estudiantes a querer ayudar y “salvar” al otro no por miedo sino por amor.

PS