Casi tres cuadras de cola para escuchar a la filósofa Judith ButlerSociedad 

Casi tres cuadras de cola para escuchar a la filósofa Judith Butler

“Sigue para allá”, avisan. A la altura de esa primera indicación, la fila ya mide más de media cuadra. Dobla en la esquina y cruza de vereda para no tener el sol de frente. Y serpentea durante otras dos cuadras. Apoyada en el muro de la sede “Villa Lynch” de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, una chica de 21 años lee el cuarto tomo de Historia de la Sexualidad, de Michel Foucault, mientras espera. Un chico de 26 años lee “El segundo sexo”, de Simone de Beauvoir, y anota con lápiz en los márgenes. Tres mujeres toman mate sentadas sobre la frazada que hicieron convertir en alfombra. Cada vez que alguna de las personas que van y vienen por esta fila frena a darles un abrazo, convidan mate desde el piso. Hasta que se paran, casi de un salto, sin ensayo previo y como si fueran nadadoras sincronizadas: “¡Judith! ¡Judith!”, le gritan a la camioneta blanca que acaba de entrar al predio universitario.

Adentro de la camioneta va la filósofa estadounidense Judith Butler, una referente internacional del feminismo y los estudios de género –autora de textos ya clásicos como “El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad” o “Cuerpos que importan: sobre los límites materiales y discursivos del sexo”– y defensora desde hace décadas de la noción de que el género es algo que cada individuo autopercibe y que no se restringe a la posibilidad de ser varón o mujer. Tiene el pañuelo verde que apoya la legalización del aborto atado a su mochila negra.

Hubo 1.200 personas en el microestadio y al menos otro millar que siguió la charla a través de una pantalla gigante. / Emmanuel Fernández

“Es importante estar acá para verla: es una de las pensadoras más importantes de los temas de género que nos interesan”, dice Claudia, y suma: “Acá tenés de todo: lesbiana, bisexual y trans. Yo soy Claudia, ella es Patricia y ella, Agustina”. Están primeras en la fila, viajaron desde Mar del Plata y se sentaron a esperar por la charla pública de Butler a las 11.30 de este martes, siete horas y media antes de que la filósofa entrara al microestadio universitario, repleto con las 1.200 personas que hacen falta para agotar su capacidad.

Judith Butler, en la charla en la Untref. / Emmanuel Fernández

Mientras la fila se engrosa, y algunas hijas llegan al lugar que sus madres les estaban custodiando en esa espera, y algunos amigos se ocupan de conseguir más agua caliente para el termo, y Martín –un estudiante de Ciencias Políticas que espera por la charla– explica que “los varones tienen que ser parte del feminismo, pero entendiendo que el lugar que hay que ocupar es el de aliados”, Butler participa de un encuentro con periodistas y escritoras.

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Entre otras definiciones, dispara: “Hay formas patriarcales del poder que sobreviven en el ordenamiento legal del Estado. Que el aborto esté criminalizado implica que el cuerpo de la mujer le pertenece al Estado, o a la Iglesia, o a la Iglesia que sobrevive dentro del Estado. Criminalizar el aborto es una manera que tiene el Estado de castigar la libertad sexual de las mujeres”. Consultada sobre el rol de los varones en el feminismo, responde: “Es importante que estén. Les tengo una tarea, un trabajito: que quiebren el pacto de hermandad que existe entre ellos. Que tengan el coraje de decirles a otros varones que no hay que matar, no hay que violar, no hay que discriminar. Que rompan el pacto de proteger al que comete alguno de esos actos. Y que vuelvan y nos cuenten cómo les fue”.

La fila para escuchar a la ensayista feminista llegó a medir tres cuadras. / Emmanuel Fernández

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Adentro del microestadio, en la previa de la presentación de Butler, hay aplausos, hay banderas que dicen “Ni una menos” y otras con los colores del orgullo, chicas que se ponen glitter verde en los cachetes, usuarios de Instagram que suben un poco de esa previa a sus historias, pañuelos verdes a favor de la legalización del aborto que giran en el aire, muchos termos de mate, apuntes universitarios para matar el tiempo, y una ovación que toma temperatura y explota cuando Butler se asoma a la plataforma que hará de pequeño escenario.

“Estoy muy honrada y muy agradecida”, dice la estadounidense, en un castellano que le cuesta esfuerzo, pero al que apuesta para su primera comunicación con el público. Después hablará en inglés, aunque entienda a la perfección a sus interlocutoras en la charla: la periodista y escritora Marta Dillon, la doctora en Ciencias Sociales y docente Verónica Gago, la doctora en Literatura Latinoamericana y también escritora Cecilia Palmeiro, y la investigadora y docente de la Universidad de California Berkeley –donde también enseña Butler- Natalia Brizuela. Afuera del estadio, sentadas en el pasto como se hace en los festivales de música, más de mil personas siguen la charla por la pantalla gigante que transmite en vivo. Es que para esta conferencia pública hubo 15.000 personas inscriptas, aunque finalmente el acceso se dirimió por orden de llegada. “Por eso vinimos tan temprano, para asegurarnos lugar”, habían dicho las marplatenses en la vereda.

De la charla pública participaron también Marta Dillon, Verónica Gago y Cecilia Palmeiro. / Ariel Grinberg

El primer aplauso con gritos llega cuando la filósofa sostiene: “El feminismo es un gran movimiento ahora mismo. Se convierte todo el tiempo en algo cada vez más grande. Las personas más grandes nos sorprendemos cuando vemos a tantos jóvenes que agrandan el movimiento”. En el microestadio, donde la mayoría de los presentes tiene menos de 30 años, la frase los vuelve protagonistas. “La preocupación ante el crecimiento suele ser cómo evitar la fragmentación, pero no hay que evitarla. Hay una serie de conflictos que tienen que darse para que el movimiento sea más fuerte. Son desafíos dentro del feminismo, que busca la igualdad, pero que debe luchar con sus desigualdades internas, y que debe entender que no hay feminismo si no incluye a las mujeres pobres, y si no incluye a toda persona que se sienta mujer”.

La filósofa, sobre el escenario. / Emmanuel Fernández

“Tenemos que recordar que el enemigo no está adentro, sino que tenemos un enemigo muy claro afuera del feminismo, que es el régimen patriarcal, homofóbico y capitalista”, dice Butler, y en el microestadio vuelven a aplaudir y vuelven a levantar los pañuelos verdes. El aplauso llega en cuotas: primero los que entienden el inglés, después quienes dependen de la traducción. Butler resuena también afuera del microestadio de la Untref: a medida que transcurre la charla, su nombre sube entre los trending topics de Twitter.

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“Me gusta la figura de la marea: suele hablarse de las olas del feminismo, pero esa historia suele circunscribirse a un área geopolítica en la que se habla en inglés. La marea viene, resiste, es dinámica y tiene un futuro impredecible, por eso me gusta. Desde el norte estamos mirando sus marchas, sus paros, estamos prestando mucha atención a eso”, sostiene la ensayista, y remata: “Hoy por hoy, el feminismo está en la mejor posición para ser el nombre de la oposición al fascismo”. La aplauden un poco más despacio que el rugido que vendrá enseguida, cuando anuncie que está preparando una edición “para niñes” -describe la traductora, que apela en varias ocasiones al lenguaje inclusivo- de su clásico “El género en disputa”. “Le voy a mandar una copia a Bolsonaro”, desafía: en 2017, en su visita a Brasil, Butler y su esposa fueron agredidas en un aeropuerto. Se juntaron unas 360.000 firmas para cancelar su disertación pública y grupos ultraconservadores prendieron fuego una imagen suya.

El último grito generalizado llega justo después de que la filósofa reflexiona: “Los derechos del feminismo, del colectivo LGBTIQ+, hacen pensar en individualidades. Me hago un aborto, cambio de género. Pero enmarcar estas conquistas de derechos en actos individuales hace perder de vista que si puedo cambiar de género es porque otras personas y otros movimientos sociales que, antes de que yo estuviera acá, cambiaron la idea de género y cambiaron la ley. El acto individual es el último momento de un proceso político, por eso lo principal es el movimiento colectivo del feminismo. Tenemos deudas emocionales con aquellos que vinieron antes que nosotros”. No queda gente sentada en este estadio en el que rebotan los últimos aplausos, y un coro que crece y que dice “abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer, arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer”. Y muchos gritos que dicen “graaaciaaas”. Judith Butler vino antes que nosotros.

AS