Norma Aguilera, la locutora histórica que acompañó a Carrizo, Larrea y Minguito: se jubiló y volvió a trabajarEspectáculos Política 

Norma Aguilera, la locutora histórica que acompañó a Carrizo, Larrea y Minguito: se jubiló y volvió a trabajar

Su dulce teoría explica porqué la radio no sólo sobrevive, sino logra imponerse a pesar del brote continuo de plataformas de entretenimiento competidoras: “Hay una poesía que hace a lo chiquito de la vida cotidiana. Una señora desgrasando el matambre, el hombre que lava su coche. La poesía del que escucha mientras está barriendo, lavando los platos o mirando en soledad el techo”.

La voz detrás de la hipótesis romántica es la de Norma Aguilera, locutora desde hace 33 años, matrícula del ISER 2765, ex coequiper de Antonio Carrizo, Héctor Larrea, Silvio Soldán, Juan Alberto Badía, Juan Carlos Altavista, Rolo Puente, Santo Biasatti, Alejandro Fantino y otra decena de apellidos.

Ex docente y ex bancaria, Norma se lanzó a la locución después de los 30. Y desde entonces no paró.

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Jubilada como jefa de locutores de Radio Rivadavia hace tres años, en medio del descanso descubrió que sus pulmones necesitaban otra vez del aire respirado desde 1986, el de un estudio. Por eso volvió al micrófono, ahora los sábados, a las 18, por Radio 10, en el programa de Ricardo Guazzardi.

“Normita”, como la conoce el medio, aún guarda los casetes que documentan su debut radiofónico, el 1° de enero de 1986, en Soldán, esquina tango, ciclo de Radio Buenos Aires, en la Avenida Belgrano. “El 31 de diciembre de 1985 apenas brindé y me fui a dormir temprano para arrancar el otro día a las 7. En el programa estaba hasta el escribano Prato Murphy. Enseguida me contrataron para Levántese con alegría, un ciclo de Atilio Pozzobón que iba los sábados a las 5 por la misma emisora”, se emociona. “Había ingresado al Instituto de Enseñanza Radiofónica con el mejor promedio de entre 1570 inscriptos. Apenas tomaban a 20 mujeres y 20 hombres. Egresé también con las mejores notas”.

Ex docente y ex bancaria, la locución llegó cuando pasaba los 30 y sus dos hijos “habían crecido lo suficiente” como para ausentarse varias horas de casa. De vacaciones en Mar del Plata, con el aparatito de radio a cuestas en la playa, escuchó el aviso que cambiaría su vida: “El ISER abre su inscripción para formar locutores nacionales”. No lo dudó: “Se cursaba de noche, podía compatibilizar casa y estudio. Y no quería perder más tiempo: me quemé las pestañas, me acuerdo de quedarme estudiando horas debajo del ciruelo de casa”.

“La cajita feliz” había estado omnipresente durante su crianza entre Villa Bosch y Villa Urquiza. “Mamá se juntaba con las vecinas del fondo para escuchar el radioteatro Palmolive del aire. O Los Pérez García. Tengo grabados en la cabeza los jingles: ‘Qué lindos que son tus dientes/le dijo la luna al sol/ y el sol contestó sonriente/ me los limpio con Odol’”.

La voz que acompañó a Fernando Bravo, Nelson Castro, Biasatti y más.

En 1987 debutó en televisión, con Juan Alberto Badía. “El ciclo se llamaba Todo nuevo, iba por Canal 13. Juan Ramón Badía, su padre, había sido profesor mío. Enseguida pasé a Del Plata, como locutora de Fernando Bravo. Simultáneamente llegó el trabajo junto a Nelson Castro. Después, FM Horizonte, junto a Nora Perlé; y El mundo, con Minguito y Lionel Godoy”, despliega su cronología.

“Ya para 1990 siguió Un puente para usted, con Rolo Puente, en Del Plata, donde tuve la oportunidad de conocer a Sandro. Y fui conductora de Z95. En 1994, cuando Biasatti pasa de Del Plata a Rivadavia, le propone pasar a todo el equipo. Así llegué a trabajar junto a Carrizo, y a participar de Rapidísimo, después de las históricas locutoras Beba Vignola y Rina Morán”.

-Se estima que hay un 20% de conductoras radiales nomás. ¿Cómo era (y es) esa época en que la locutora era considerada apenas el adorno?

-El machismo era absoluto. La voz importante era la del hombre, por más hermosa que fuera la voz de la mujer. Estábamos para matizar, salvo excepciones como Nora Perlé y otras grandes. Pasa que muchas tuvimos que priorizar a nuestros hijos en una época en la que los hombres no se involucraban en las tareas domésticas. Dependía y depende mucho del conductor, pero nos costaba lucirnos. Hoy Guazzardi me da esa posibilidad, pero no es habitual. Hay mucho narcisista que se quiere comer el micrófono solo. 

“No importa tanto la voz como el contenido”, opina Aguilera.

-Teniendo en cuenta las audiencias envejecidas y la crisis radiofónica: ¿Es una carrera en baja la locución?

-Creo que sí. Es triste porque la crisis de las radios es tan grande que de los miles que se reciben, hay muchos manejando un Uber. Y los adolescentes casi no escuchan.

-¿Para triunfar en la locución se necesita una voz distintiva?

-No importa tanto la voz como el contenido. Pero una buena voz invita al oyente a quedarse.

-¿Una voz puede modificarse gracias al estudio y la práctica?

-No. Se nace con determinada coloratura. Podés mejorar la dicción solamente. Hay algo que es natural. Los que impostan no duran en esta profesión: la gente nota cuando engolás. Y no se lo banca.

-La voz que escucha el “afuera” y la que escuchamos nosotros cuando hablamos no suele coincidir. ¿Cómo creés que es tu voz? ¿Cómo la escuchás?

-Yo tengo una voz amiga, cálida. Me agrada mi voz, pero lo que más me gusta es cómo me amiga con la gente. Mi voz genera cariño.

-¿Ejemplos de ese cariño generado?

-Es que soy la voz que te acompaña mientras picás cebolla. No sabés cuántos oyentes me buscaron en la guía telefónica para agradecerme la compañía o para preguntarme a qué emisora me mudé. Antes me escribían montañas de cartas. Las amas de casa me mandaban truquitos para que pasara al aire, cómo limpiar la tierrita de las plantas con cáscara de banana. O cómo blanquear las tapitas de las hornallas. De pronto vienen desde Villa Domínico hasta la radio a traerme un budín. Eso es maravilloso.

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