“Por ser mujeres ganamos menos”Espectáculos 

“Por ser mujeres ganamos menos”

Es un rostro muy conocido en varios ámbitos. Luisa Kuliok es mucho más que la actriz de telenovelas. Discípula de Agustín Alezzo, su historia está vinculada con los escenarios. Este año lo inicia con el reestreno de Juegos de amor y de guerra de Gonzalo Demaría, solo por ocho semanas. Estará los domingos a las 20 en el Centro Cultural de la Cooperación. La vuelven a acompañar Diego Mariani, Sebastián Holz, Walter Bruno y Sebastián Dartayete, siempre con la dirección y puesta en escena de Oscar Barney Finn.

—El personaje lo había estrenado Andrea Bonelli…

—Para mí fue una experiencia fantástica trabajar con Oscar Barney Finn. Cuando llegamos como reemplazos junto con Diego Mariani y Walter Bruno empezamos los ensayos desde cero. Le ofrecí al director mi disciplina, soy una persona entrenada. Respeto el trabajo del intérprete, es muy difícil subir al escenario. Acato el rol del director, para mí es fundamental su mirada porque tiene la totalidad del espectáculo. Si encima tenés enfrente a alguien de la trayectoria de Barney Finn…Bajamos hace más de un año y medio por lo cual ahora volvimos a ensayar. Todos queríamos hacerla pero cada uno tuvo otros trabajos en el medio, por eso probamos y cambiamos algunos movimientos, sutilezas, detalles.

—Hiciste las grandes novelas televisivas y aquí hacés una madre especial.

—Perversa. El espectáculo saca lo más oscuro de los protagonistas. Eso nos apasiona como intérpretes. Lo viví como un desafío. Hice personajes en el teatro muchas veces de buena como en Las obreras. Siempre llevé el mensaje de lo positivo, aquí no. Tuve que mirar mis propios demonios como persona. Me obligó a transitar por diferentes matices, todo con una inmensa hipocresía.

—Encarnaste en la televisión a una mujer golpeada en “Amo y señor”: ¿hoy qué pasaría?

—No diría eso. Era una comedia, un juego, no un melodrama. Me llamó Arnaldo André, con quien había hecho Amor gitano, y me dijo que tenía una obra maravillosa basada en Lo que el viento se llevó. Mi protagonista era muy vanidosa, discriminatoria, lo basureaba y maltrataba porque no tenía apellido de prosapia. Cuando él le da una cachetada ella se la devuelve. No era una mujer sometida, sino un juego pasional y amoroso. No podemos censurar la ficción. Los libros eran de Lozano Dana. Las cachetadas fueron un mito, fueron solo tres en una novela que duró más de nueve meses. Al productor (Lecouna) se le ocurrió publicitarla con la cachetada como la que le daba  Glenn Ford a Rita Hayworth en la película Gilda. Por lo cual esa escena se pasaba en los cortes publicitarios hasta el cansancio. Siempre tuve mucha conciencia con respecto a la igualdad de derechos. Creo que vivimos ahora una época de inclusión. Trabajamos por la compaña de Ni Una Menos y a favor de la ley nacional por el aborto legal, seguro y gratuito. Formo parte del colectivo de Actrices Argentinas y tenemos charlas informativas con muchas profesionales.  

—¿Viviste algún tipo de acoso por parte de compañeros de elenco?

—Nunca. Son muchísimos los actores que están en el medio y hay muy pocos casos. Siempre hubo una estructura machista en temas más sutiles. Sí es cierto que por ser mujeres ganamos menos y muchas veces recibimos el apodo de “loca”. Recuerdo que una vez me propusieron una novela y a mí no me convencía, entonces me amenazaron con un juicio por 200 mil dólares y me inventaron que me había querido tirar debajo de un camión. La tuve que hacer y la tira no funcionó… fue Como la hiedra. A un hombre no se lo hubieran hecho.