Odisea en la montaña: la amistad que nació tras el rescate de la comitiva presidencialSociedad 

Odisea en la montaña: la amistad que nació tras el rescate de la comitiva presidencial

Como picar hielo en una licuadora. Ese ruido a rotura sentían ahí arriba. El helicóptero ruso MI-171 intentaba “pinchar” la nube y de inmediato venía la “lluvia de piedras”. Que era, en realidad, el sonido de las aspas rompiendo la humedad congelada del aire.

El vocero presidencial Ivan Pavlovsky lo tiene muy nítido. Dice que no sintió miedo porque todo el tiempo pudo apreciar la pericia de los hombres de la Fuerza Aérea que conducían la nave en medio de la contingencia. Pero que sí sintió el frío. Frío de montaña. Pesado y parejo. Un frío doloroso que los castigó durante la noche, que fue eterna. Pasaron 20 horas en esa cima, vestidos de “Corrientes y Lavalle”: mocasín, pantalón y saco.

El helicóptero varado y el rescate en el Aconquija.

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Ni camiseta térmica, ni calzado especial. Ahí arriba, en esa planicie de cien metros por otros cien, en medio del pasto chato, bajo el viento implacable y adentro de una nave convertida en heladera, estaban jugados.

Pero la historia había empezado como empiezan casi todos los días de rutina de un presidente (al menos cuando son tranquilos). Desayuno, encuentro con asesores, helicóptero o avión. Una ciudad por aquí, otra más por allá. Son días que arrancan en la explanada de Olivos o Casa Rosada y culminan con retorno al punto de partida. Así casi siempre. Esta vez, habían ido a Cachi, esa aldea pegada al cielo en la provincia de Salta. Era la época de las reuniones de gabinete itinerantes y esta tocaba con el gobernador Juan Manuel Urtubey y su equipo. 

El helicóptero varado y el rescate en el Aconquija.

Luego la comitiva debía regresar a Salta capital para una actividad y partir a las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, donde al día siguiente estaba previsto que el presidente inaugurara una cancha de golf. Cuando estaban por salir a Salta, les dicen que el clima se había complicado. Ellos veían el cielo sin una nube, pero en algún lugar llovía hielo.

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Macri y Urtubey partieron en el avión de la gobernación. Sin problemas. Ese mismo avión regresó a Cachi para llevarse a otros cuatro ministros. Y el resto de los funcionarios decidieron saltearse Salta y partir en el helicóptero de la Fuerza Aérea a Río Hondo. Dos horas después, debido a las tremendas condiciones, estaban varados a 3.800 metros de altura, sobre una ladera del Cerro Aconquija, en Catamarca, sin víveres, sin abrigo, sin chances en lo inmediato de salir de ese claro entre montañas donde la aeronave había conseguido aterrizar. Se venía la noche y el frío asomaba como amenaza. Como uno de los custodios del presidente que iba en el helicóptero tenía un teléfono satelital, consiguieron dar aviso de lo que había ocurrido. Eso puso en marcha el operativo de rescate. Y es a partir de ahora cuando esta historia se desdobla y comienza a suceder en dos tiempos: el tiempo de los hombres en emergencia y el tiempo de los rescatistas que se lanzaron bajo la nieve a una trepada desesperante.

El helicóptero varado y el rescate en el Aconquija.

Marcos Herrera tiene 41 años. Se expresa de modo pausado. Es el jefe la División de Operaciones Especiales de la Policía de Catamarca. Se trata del llamado Grupo Kuntur, que significa cóndor en quechua. Lo integran 20 personas. Es un homónimo del Grupo Halcón o del GEOF. Sus miembros están entrenados para situaciones de alta peligrosidad vinculadas a la guerra contra el narcotráfico. Pero además pueden escalar montañas como expertos. Es porque en Catamarca las montañas son inmensas: hay diez que superan los seis mil metros de altura, cuando en Mendoza, por ejemplo, hay sólo dos (el Aconcagua y el Tupungato).

El helicóptero varado y el rescate en el Aconquija.

“Yo estaba trabajando y me informan lo que había pasado -dice Herrera por teléfono desde San Fernando del Valle de Catamarca-. Recibimos dos coordenadas que habían logrado enviar desde la montaña. Las pusimos en Google y establecimos un punto aproximado. Era una zona que conocíamos: el nevado de Aconquija, específicamente un lugar que se denomina La laguna, cerca de la quebrada de Agua del Chivo. Conocemos bien porque todos lo años hacemos un curso de operaciones especiales. Así seleccionamos a la gente que va a integrar el grupo. Y una de las etapas es supervivencia en alta montaña en ese mismo lugar”.

El helicóptero con la comitiva oficial había quedado varado a las cinco de la tarde. Arriba, el sol se retiraba. Abajo, Herrera y su equipo comenzaban los preparativos para partir. Eso sucedió recién a las 22.30. Salieron en dos camionetas rumbo a la localidad de Aconquija, zona de la minera Bajo la Alumbrera. A la 1.30 de la madrugada llegaron a un huella de la minera y siguieron en una camioneta 4×4 del intendente hasta el campamento base desde donde se coordinó el operativo.

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Se pusieron a caminar en la oscuridad. Primero por un río. Luego por la nieve. Al frente de los Kuntur, se puso Jesús Maza, un conocedor de la zona, de cuerpo macizo. Tenía una función agotadora: romper la nieve y abrir huella para los que venían detrás. Hacía 20 bajo cero, recuerda el jefe Herrera. Y caía un granizo parecido a vidrio a molido.   

Arriba, la cosa estaba mal. Pavlovsky recuerda que cerraban los ojos para dormir y por el frío no lo conseguían. Volvía a abrir los ojos y habían pasado solo cinco minutos. Cada dos horas encendían el motor de la nave para poder calentarse. Y la forma de comer era patética: pasaban una galletita y mordían un poquito cada uno. Lo mismo con el agua. Un sorbito y al siguiente. 

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Pero el tema era el frío. “En un momento nos tiramos al piso para apretarnos uno contra otro y darnos calor. Era terrible. Además había un viento infernal, un viento que jamás en mi vida quiero volver a oír. Y también recuerdo que había confites MyM, que eran parte del kit de supervivencia del helicóptero”, recuerda el vocero del presidente. Además de Pavlovsky, ahí estaban:  Alejandro Cecati, jefe de custodia presidencial; Mariano Lomolino, secretario privado del Presidente; Isidro Escalante, redes; Guillermo Bernaudo, de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca; Eduardo Plasensia, de Vialidad Nacional; y David Sisso, fotógrafo. Además de los seis miembros de las Fuerza Aérea. Uno de los funcionarios sentía los síntomas del mal de altura: dolor de cabeza y fatiga. Su estado comenzaba a ser preocupante. 

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La cuadrilla de Herrera, con Jesús Mazza a la cabeza, mientras tanto avanzaba. Lento pero constante. Como se camina en la montaña. Y así finalmente comenzó la claridad. Se empezaron a ver los contornos de nieve modelados por el viento y el colchón de nubes que los varados habían visto desde arriba a los Kuntur les quedó en la cabeza. Lo penetraron y lo cruzaron. Y salieron al sol naciente del día. “Tipo diez de la mañana, la caminata ya era más suave y cerca de las once vimos gente que nos hacía señas. Pensamos que eran otros rescatistas, pero los funcionarios”, dice Herrera.

Dice Pavlovsky: “A las 8 de la mañana salimos de la nave a calentarnos al sol y nos dispersamos en los cuatro puntos cardinales, por donde podían llegar a aparecer alguien. Es gracioso: el primero del grupo Kuntur con el que tomamos contacto se llamaba Jesús”.

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Lo que pasó después fueron abrazos y café caliente. Un poco de comida y abrigo. Una camilla improvisada para iniciar la bajada con el funcionario que se encontraba mal. Herrera esperó que les confirmaran si la evacuación podía ser aérea, con otro helicóptero. Pero se demoró y comenzó a bajar. Todos en fila (la foto es conocida). Cuando estaban listos para “pinchar” las nubes, cuando estaban a un paso del no retorno, un ruido en el cielo los hizo dar vuelta. Era el helicóptero presidencial que venia por ellos. En una maniobra increíble el H1 aterrizó en el prado. Los funcionarios fueron evacuados por aire.  Los pilotos de la Fuerza Aérea bajaron con los héroes anónimos del Grupo Kuntur. Era lo lógico: la gente de “Corrientes y Lavalle” hubiera sido un lastre para los rescatistas y sus mocasines hubieran demorado el descenso. Volvieron todos sanos y salvos y quedó un grupo de WhatssApp, que es metáfora de la amistad construida allá en lo alto. Un vínculo que celebra cada tanto todo: el recuerdo, los nacimientos de los hijos y también los días patrios.