Una relación difícil: Franco, motor y boicot en la vida de MauricioPolítica 

Una relación difícil: Franco, motor y boicot en la vida de Mauricio

Un teléfono. No fue un juguete, que acaso hubiera sido lo más natural para un chico que recién comenzaba a memorizar los números. Franco le dio un teléfono y ese momento es uno de los primeros recuerdos que Mauricio Macri conserva de su padre. Una escena profética. Porque a aquella siguieron otras: “A los 5 años, él me empezó a llevar a las obras. A los 12 directamente me internaba en reuniones aburridísimas. Yo le decía ‘papá, yo me quiero ir a jugar a la pelota’, y él contestaba: ‘algo vas a aprender, vos escuchá’”. Lo cierto es que aquella mañana, antes de salir de su casa sin saber cuándo regresaría, Franco le entregó un papel con un número: “Ese es el teléfono de mi secretaria. Ella se tiene que ocupar de solucionarte todos los problemas. Solo tenés que llamarla y decirle qué querés”.

Macri solía contar esta anécdota en sus tiempos de jefe de Gobierno, cuando edificaba su carrera presidencial y el jefe del clan, ya muchos años antes desilusionado con él -primero porque había decidido relegar las empresas para dedicarse a Boca y luego a la política- apostaba por la continuidad del kirchnerismo. “El próximo presidente tiene que salir de La Cámpora”, declaraba. Corría 2014. El alcalde porteño iba tercero en las encuestas, detrás de Sergio Massa y Daniel Scioli. La primera estocada de ese tenor la había producido cuatro años antes, en una gira de Cristina por China, cuando Néstor Kirchner se alistaba para sucederla y su hijo amenazaba con enfrentarlo. “Sin duda, desde la razón voto a Kirchner” le confió al enviado de Clarín, Leonardo Mindez.

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Me ama y me boicotea. En él conviven esas dos personas. Me llevó años de terapia”, trataba de explicar Mauricio. “Siempre fue así. Franco era un tipo muy pero muy difícil”, decía en las últimas horas uno de sus amigos del Cardenal Newman. En esos tiempos en los que Franco apostaba por un cuarto mandato K, a su hijo le gustaba estirar los almuerzos en el salón comedor de Bolívar 1, que estaba pegado a su despacho. Invitaba desde artistas y periodistas hasta pensadores y políticos de la oposición. En general a los más críticos, con los que procuraba generar empatía y exhibir su lado más humano: quería que le dijeran en la cara por qué lo criticaban tanto. En eso también buscó diferenciarse de su progenitor: “A él siempre le dijeron todo que sí. Cuando yo empecé a ir las reuniones de directorio y lo reemplazaba porque él estaba de viaje, lo criticaban, pero cuando él volvía nadie le decía nada. Yo me agarraba la cabeza”, contaba en esos mismos almuerzos.

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Lo acompañaban Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta, Iván Pavlovsky y Miguel De Godoy. En esas charlas de sobremesa, Macri se relajaba: aun delante de sus invitados se quitaba la camisa y se hacía poner un gel helado en la espalda para que le aliviara las contracturas. Las conversaciones solo eran interrumpidas por una mujer mayor, que vestía siempre de pollera larga y tacos y que saludaba con un tono de voz imperceptible. Le acercaba un papel con anotaciones y se iba.

La comitiva que llevó a Mauricio Macri al funerla de su padre. Foto: Marcelo Carroll.

Ana Moschini había sido durante décadas la secretaria de Franco. Para Mauricio es como una segunda madre: era la mujer a la que debía llamar si tenía algún problema. La del teléfono. Cuando se enteró de que ya no iba a trabajar más con Franco, le suplicó que pasara a desempeñar el mismo trabajo, pero bajo sus órdenes. Arrancó en las oficinas de Compromiso para el Cambio, el sello partidario que precedió al PRO, en la calle Alsina. Ana -o Anita, según la llaman los que la tratan a diario- pasó luego a la Ciudad y hoy mantiene un despacho en la Casa Rosada y otro en la residencia de Olivos, ambos muy pegados al del Presidente.

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Tiene 73 años y conoce secretos demasiado íntimos. De Franco, de Mauricio y de toda la familia. Hoy es la encargada, por ejemplo, de convocar a reuniones de las que Macri prefiere que no se enteren ni sus asesores más estrechos. La noche que se consagró Presidente, en Costa Salguero, muchos militantes que saltaban entre globos y bailaban la música de Chano y La Mancha de Rolando se preguntaron quién era. “Quiero homenajear y agradecer a alguien que me cuida desde los cinco años”, le dedicó el candidato en su discurso. Ella subió al escenario y por primera vez se dejó ver en público, mientras Franco seguía la imagen desde un sillón del VIP del complejo, todavía sin reponerse del todo de una hemorragia interna. Esa noche los colaboradores macristas se quedaron mudos cuando lo vieron ingresar. En el VIP, el empresario se cruzó con Elisa Carrió, Nicolás Caputo y Jaime Durán Barba. 

Hay decenas de hechos que describen la relación padre-hijo. Van desde sus desafíos en juegos de mesa -el bridge- y sus peleas familiares hasta el traumático secuestro de Mauricio, pasando por situaciones incómodas con mujeres y el poder. También hay varias en las que están unidos con Donald Trump. Mucho antes de que Trump aspirara a gobernar los Estados unidos, Macri hijo llegó a hacerle de guía nocturno en Buenos Aires a pedido -claro que sí- de su padre, que buscaba incursionar con negocios en Nueva York.

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Poco antes de que la salud de Franco se deteriorara por completo, los Macri se volvieron a ver en la habitación de un sanatorio. Hablaron largamente, a solas. “Estoy en paz con mi padre”, diría meses después el Presidente. En otra charla, se supo recientemente por boca del propio Mauricio, Franco le rogó que le diera una pastilla que lo ayudara a morir. “No puedo, no puedo”, fue la respuesta.

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Su muerte abrió desde el sábado a la noche un gran interrogante en el círculo presidencial que trabaja para la reelección: ¿Cuánto tiempo impactará en su estado emocional? A Macri lo toma en plena campaña y con una crisis económica que no da respiro. Otros presidentes pasaron situaciones similares. Le sucedió a Carlos Menem en 1995 con la muerte de su hijo. Pasaron dos meses y fue reelecto. Le ocurrió a Cristina con la inesperada muerte de Néstor Kirchner. Un año más tarde se consagró presidenta con el 54 por ciento de los votos.

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No va a ser fácil reponerse de esto. Lo esperaba, pero no deja de ser su padre”, afirman quienes pudieron hablar con él en estas horas. Macri, hasta no hace tanto, prefería quedarse con el recuerdo de su asunción, cuando Franco volvió a sorprender a todos y se acercó a saludarlo a la Casa Rosada. En medio de los festejos, lo pudo ver desde el balcón. Gabriela Michetti, que estaba al lado del Presidente, le oyó decir: “Creo que esta vez lo logré. Creo que esta vez le llegué”.