“El televidente es muy vengativo si no se lo alimenta”Espectáculos 

“El televidente es muy vengativo si no se lo alimenta”

Analía Melgar

Aclamada. La actriz se destaca en la televisión británica, y además ganó un premio Olivier por su trabajo en los teatros de Londres. Foto: FLOW

En The Split, Nicola Walker se luce en su papel de abogada. La serie es una creación de la guionista Abi Morgan, quien indaga en el mundo de los matrimonios y los divorcios; fue dirigida por Jessica Hobbs, y ha sido filmada aprovechando escenarios reconocibles de la ciudad de Londres, presentada como la capital mundial de los divorcios. La actriz inglesa encarna a Hannah Defoe, la cabeza de un estudio de abogados que comparte con otras mujeres de su familia: Ruth (Deborah Findlay), Nina (Annabel Scholey) y Rose (Fiona Button), madre y hermanas de Hannah, respectivamente. A través de la disolución del vínculo entre esposos, queda iluminado, desde la perspectiva de esta ficción, el recorrido de amor y desamor que atraviesan muchas parejas. Los seis capítulos de la serie, que se pusieron en circulación en abril de 2018, son una coproducción de Sister Pictures para BBC One y Sundance TV, lo que implica una fusión de capitales económicos y artísticos tanto de Gran Bretaña como de Estados Unidos, ahora disponible en Cablevisión Flow.

Walker hizo teatro –por ejemplo, con El curioso incidente del perro a medianoche ganó un premio Olivier– y ha participado de otras series británicas, como River, también de Abi Morgan, y Unforgotten, de Chris Lang. En esta entrevista, analiza el presente del mundo de las series y de la actuación.

—¿Cómo analiza el éxito del formato serie en la actualidad, frente a otras pantallas preexistentes, como la televisión tradicional o el cine?

—Hoy en día, las series y las películas tienen muchas plataformas a través de las cuales pueden ser vistas. Hacen que el mundo parezca aún más pequeño. Las personas tienen acceso a programas y series provenientes de otras regiones del mundo; los televidentes son muy vengativos si no se los alimenta con dos o tres episodios por día; están totalmente perdidos si no encuentran lo que desean ver. No son las mismas personas que veían un episodio semanal. Ya no hay episodios semanales, porque cambió la forma de ver televisión. En el pasado, los espectadores iban con placer al cine para pasar un gran momento frente a la gran pantalla llena de efectos especiales; además los actores que veían en el cine no actuaban en la televisión. Ahora las series generan una experiencia diferente. Su éxito radica en contar una historia –siempre más extensa que las que se cuentan en una película– que sea atrapante, en seis, ocho o 12 episodios. Series y cine son criaturas diferentes. Siempre estuve y estaré agradecida al cine. No voy muy seguido, pero cuando voy al cine me doy cuenta de que estoy en una sala oscura rodeada de extraños compartiendo la misma película y al mismo tiempo tengo mi propia experiencia con la historia del film. Todavía es muy fuerte el impacto del cine en las personas.

—Así como sucede con tu personaje de Jackie “Stevie” Stevenson en “River”, es frecuente ver series en las que los personajes que ya han muerto aparecen a través de distintas estrategias narrativas. ¿Por qué cree que este recurso es frecuente?

—Es verdad. Lo que hacemos es una forma de contar una historia que esté vinculada con el pasado, de modo que este vínculo sea dramático. El personaje se deja entrever y debe permanecer como un fantasma o una presencia que anida en una mente, en la imaginación. Es la versión de la mujer que alguna vez existió y que se torna patética durante el rodaje, porque mi cabeza está llena de cosas totalmente diferentes; no se sabe si esto en realidad existe. Yo no soy un fantasma, no soy una aparición, no soy una sombra; para mí, es un recuerdo. [Este recurso] permite contarle a la audiencia una historia de pérdidas y agradecimientos. Es algo que todos tememos, que tratamos de entender, de esconder. La idea es que podríamos mantener el contacto con alguien al que amamos mucho y que falleció.

—¿Qué vínculos y comparaciones podría establecer entre la industria de cine y televisión británica y la estadounidense?

—Las co-producciones entre la BBC y Sundance TV son importantes, ya que, a través de estos lazos, nos acercamos al mundo. Que The Split se vea en Argentina era algo impensado. [Por un lado] las series inglesas se ven en todo el mundo. [Por otro], cuando era una niña me gustaba ver las grandes películas musicales [estadounidenses] de la década de los 40, 50 y 60 con sus grandes estrellas cinematográficas, como Cantando bajo la lluvia: de hecho, crecí viendo estas películas en la BBC. De adulta, todavía las miro. Pero las películas británicas son muy, muy diferentes; por ejemplo, muestran los problemas y tristezas de la clase trabajadora.

Mujeres fuertes

—Hoy, cuando la fuerza femenina toma ímpetu, ¿cómo son las mujeres que aparecen en The Split?

—En esta familia, están la madre y tres hijas. No hay ningún padre, ya que éste las abandonó hace muchos años. La madre se convirtió en una mujer de carácter muy fuerte y luchadora, quien debe pelear continuamente contra los problemas que la acechan.

—¿Podría comparar el arte de la actuación en el presente, con respecto a una época pasada, reciente o lejana?

—El trabajo de actriz, en estos momentos, es como estar en el paraíso. La actuación es más vital en los últimos siete u ocho años en que trabajé en televisión. Además, hay muchas televidentes mujeres, productoras mujeres, escenógrafas mujeres y directoras mujeres, lo que significa que la mujer está en el centro del poder. [Asimismo] se complejizan las historias entre hombres y mujeres: hay diferencias de edad, diferencias sociales y diferentes ambientes. Todo esto es nuevo. En la época de Shakespeare, por ejemplo, era ilegal que una mujer trabajara como actriz en un escenario, por lo que todos los papeles femeninos eran actuados por hombres.

—En este punto, entonces, ¿cómo percibe el movimiento Me Too?

—Es algo que está pasando desde hace tiempo en el ambiente artístico. Ahora, el Me Too está en la vidriera. Lo más importante es que es un ícono; se hace público para que las futuras generaciones de mujeres sigan la lucha. Las personas sienten que, además de tener trabajo, tienen voz y que con ella pueden hablar de abuso. La idea es eliminarlo en forma definitiva.


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