Grey’s Anatomy: el drama médico que termina causando graciaEspectáculos Política 

Grey’s Anatomy: el drama médico que termina causando gracia

Figurar entre las ocho series estadounidenses con mayor cantidad de temporadas en pantalla tiene sus beneficios. Pero, también, su costo. Y eso se siente en un nuevo regreso de Grey’s Anatomy a la Argentina. Este martes 14, a las 22, se estrenará por Sony la 16a temporada de esta ficción médica que en 2005 se presentó como drama y ahora empezó a coquetear con ciertos gags de comedia.

¿Entonces ya no es lo que era? Y, no. Una lástima, dado que en la búsqueda por la permanencia -y el objetivo de los récords- se hicieron concesiones al guión y, fundamentalmente, al espíritu.

Concebida por la gran Shonda Rhimes -una usina del melodrama estadounidense- como una historia de vínculos atravesados por la vida hospitalaria, con dos o tres casos médicos tratados a fondo por capítulo, el tiempo le fue limando las puntas y la volvió más liviana.

Pero no sólo perdió en contenido. El público, curiosamente, se hizo ver dejando de verla tanto: de los 18 millones de espectadores que tuvo la primera temporada (se estrenó por la cadena ABC el 27 de marzo de 2005), se llegó a la 15a, que terminó el año pasado, con unos 10 millones. La más vista fue la segunda, con un promedio de 19,5 millones.

En esta nueva temporada, los doctores Karev y Webber terminan en otro hospital, en el que no hay ni insumos… ni personajes atractivos.

Claro que los 10 millones que conserva no representan un número menor, pero sí hablan de una caída de casi el 50 por ciento, una cifra que no es gratuita en la competitiva televisión estadounidense.

La 16a, que ya se emitió en los Estados Unidos (el primer episodio se dio el 26 de septiembre de 2019), conserva de la historia madre muy pocas cosas: el hospital de Seattle (pero en realidad se grabó en Los Ángeles) y cuatro de sus protagonistas: los doctores Meredith Grey (Ellen Pompeo), Miranda Bailey (Chandra Wilson), Richard Webber (James Pickens) y Alex Karev (Justin Chambers).

Y se acaba de confirmar que el carismático doctor Karev deja el barco en esta temporada, bajo la excusa -extraño capricho del guión- de que abandona la medicina para ir a cuidar a su madre. Es decir, el desgaste narrativo y sus consecuencias.

La doctora Grey, un personaje frío que supo llevar las riendas del relato hasta hace dos temporadas, aunque ahora ya no está tanto en pantalla.

Tanto es así, que en este regreso, se la verá a la doctora Grey haciendo de todo… menos lo que sabe: porque, a cuento de haber asumido su responsabilidad en el fraude del seguro (tema emblema de la 15a temporada), ahora deberá cumplir tareas comunitarias y se la verá barriendo, limpiando calles…

Y a los doctores Karev y Webber, también involucrados en ese asunto delictivo, la serie les encontró otro destino: un lugar en un hospital alejado, al que le falta todo, desde insumos hasta personajes coloridos.

Con lo cual, el Grey Sloan Memorial de Seattle -ese hospital escuela que le daba cátedra también al espectador- tampoco es lo que era. Se echó mano al recurso de “sumar caras nuevas para refrescar la historia”, pero, por lo visto en el arranque, eso aún no dio sus frutos: llegan el doctor Comac Hayes (Richard Flood), como jefe de cirugía pediátrica, y los doctores Atticus “Link” Lincoln y Tom Koracick, a cargo de Chris Carmack y Greg Germann.

Si bien el escenario narrativo principal sigue siendo el Grey Sloan, lo que desfila por sus pasillos y sus arrabales son más situaciones graciosas y simpáticas, con algún que otro guiño al enredo, que las problemáticas acerca de la salud y el compromiso médico.

Si uno fuera a esos primeros libros, del 2005 al 2010, por ejemplo, seguramente encontraría el doble o el triple de términos médicos de los que suenan en los capítulos de este último tiempo. Y eso no necesariamente indica una caída de calidad, pero sí un corrimiento en el eje temático. Antes, uno no sólo veía una buena ficción, sino que, en un segundo plano, se familiarizaba con tratamientos, con casos, era testigo de cómo puede ser la evolución de un síntoma, se comparaba el trato paciente/médico entre la ficción y la realidad. Los dramas médicos de la TV suelen generan una dosis extra de empatía.

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Y más en esta creación de Rhimes, en la que el morbo casi nunca fue de la partida. Daba gusto sentarse a ver cómo combinaba o separaba sus emociones la aparentemente fría doctora Grey, que llegó al hospital como una residente ambiciosa, hija de una legendaria cirujana (Ellis Grey), y con el tiempo fue especializándose en cirugía, hasta convertirse en una suerte de eminencia.

Y ahora no puede ni pisar el hospital, curiosa ironía. Por otra parte, su corazón se ablandó y después de muchos años de viudez -era la mujer del neurocirujano doctor Derek Shepherd (Patrick Dempsey), que dejó la historia repentinamente- se animó nuevamente al amor: tiene un romance con su colega Andrew DeLuca (Giacomo Gianniotti).

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El resto de los personajes llega a esta temporada entre crisis y nuevos amores, todo en medio de un intento por encontrar un nuevo foco. Aunque ese foco no esté apuntando al tema que lo convirtió en éxito. Y si hace años pagó muy cara la salida de la gran Sandra Oh, como la entrañable doctora Cristina Yang, mejor amiga de Meredith, seguramente ahora vivirá algo parecido con la partida de Karev.

“No hay un buen momento para decir adiós a un espectáculo y a un personaje que ha definido gran parte de mi vida durante los últimos 15 años”, reconoció Justin Chambers a la prensa estadounidense, a propósito de su adiós a la historia. “Sin embargo, desde hace un tiempo, he esperado diversificar mis roles de actuación y opciones de carrera. A medida que avanzo y estoy bendecido por mi esposa y mis cinco hijos maravillosos, siento que ese momento es ahora”, cerró de modo elegante ante la sorpresa de los fans de la serie.

Tal vez, en la salida del actor -pieza fundamental de la historia-, uno pueda vislumbrar el principio del fin. Ojalá la serie sepa reinventarse, volviendo a ciertos parámetros iniciales, para no terminar en esos casos de estiramientos narrativos sólo para acumular récords.

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