Un seminarista denunció por abuso sexual al “padre fundador” de una fraternidad católicaSociedad 

Un seminarista denunció por abuso sexual al “padre fundador” de una fraternidad católica

Un seminarista denunció por abuso sexual al sacerdote fundador de una fraternidad católica de capuchinos recoletos en La Pampa. Se trata de José Miguel Padilla, quien además era el representante legal del colegio secundario Nuestra Señora de Luján de Intendente Alvear. Tras la denuncia, renunció al cargo. 

Padilla ya fue indagado por la fiscal Ivana Hernández el 29 de noviembre, tras la denuncia de abuso sexual presentada por el seminarista Vicente Suárez Wollert (24). El joven estuvo en el Instituto de la Inmaculada Concepción, que abrió en 2004 y es uno de los tres conventos de la fraternidad de Belén en La Pampa. También tiene una sede en La Plata.

Vicente Suárez Wollert es de Santa Elena, Entre Ríos, donde lo conocen más su apodo, “Tato”. A los 19 años (en 2014) decidió encarar una vida monacal para indagar su vocación sacerdotal. Se incorporó a la fraternidad de Belén, en el convento de la Inmaculada Concepción. Está asentado en la localidad de Intendente Alvear, unos 160 kilómetros al noreste de Santa Rosa, en plena pampa húmeda.

El joven entrerriano nunca pudo hacerse monje. “Era el nuevo en el lugar y comencé a tener ciertos privilegios. Nada raro, pero después supe porqué era“, contó en diálogo con Clarín.

El cura José Miguel Padilla. fundador de la Fraternidad de Belén, fue denunciado por abuso sexual por un seminarista en La Pampa. (Gentileza El Diario de La Pampa)

A los tres meses de su ingreso al convento, el padre Padilla (llamado Padre Fundador de la fraternidad) lo citó a su habitación. Tenía un tobillo lastimado. “Me pidió que le midiera la presión porque andaba mal y que le pasara una pomada”, dijo Tato.

Ese fue, según el joven denunciante, el inicio de un acoso persistente que se extendió durante varios meses. “Se quejó porque le apliqué la pomada en el tobillo que le dolía. Y le pedí disculpas: ‘A usted le perdono cualquier cosa mientras sea solo mío’. Mi salida fue una humorada, lo pensé rápido: ‘Creí que el voto de pobreza no le permitía tener nada suyo’“.

El cura Padilla lanzó una carcajada, de esas que están prohibidas en la acética vida del convento, pensó Suárez Wollert. Pero el asedio continuó. “Relajate, tenés que saber compartir el alma”, contó Suárez Wollert que le dijo el Padre fundador.

Según consta en la denuncia, le acarició el brazo y le preguntó que llevaba debajo de los hábitos. Cuando ya se iba, Padilla saltó, lo abrazo desde atrás y lo besó en el cuello. “Mío, y de nadie más”, le dijo al oído.

Esa noche Suárez Wollert se sintió mal. Sus padres estaban de visita en el convento, era el primer viaje que hacían para verlo desde que había iniciado el seminario. Cerró la puerta de la habitación con llave: tenía miedo de que en la noche ingresara su acosador.

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Al otro día, tuvo que repetir la tarea de curación. El acecho se reiteró. Pero Suárez Wollert tomó distancia y mostró un gesto enojado. Allí fue cuando -según el relato del seminarista- el cura Padilla le disparó: “¿Ya vamos a mariconear, hermano Vicente? ¡Bueno, señorita, mueva las tetas, enfermera! ¡Que la tratan bien y se retoba!”.

Suárez Wollert denunció otras situaciones vividas durante su permanencia en el convento. Manotazos, toqueteos, arrinconadas en un pasillo o en una habitación. “A mí me mortificaba ver que daba la misa y la eucaristía”, dijo el joven. “Él me decía que lo calentaba o hacía gestos, con las manos, de tener relaciones”, contó el denunciante.

Además de la vida de retiro, Suárez Wollert describió un estricto control. “Con los llamados telefónicos, se sentía que había alguien escuchando la línea, las cartas que salían y las que entraban se abrían y se leían antes de entregarlas. Todo estaba bajo control“, dijo.

Ese relato está incluido en la denuncia ante la fiscal de General Pico, Ivana Hernández. Suárez Wollert declaró los primeros días de noviembre ante la justicia pampeana. El fiscal general Armando Agüero allanó el convento de la Inmaculada Concepción, que pertenece a los capuchinos recoletos y el colegio comercial Nuestra Señora de Luján, del que Padilla era el representante legal.

En mayo de 2016, Suárez Wollert se fue del convento a su pueblo, Santa Elena. Cuenta que le envió, el 6 de junio de 2016, un mail al obispo Raúl Martín advirtiéndole lo que ocurría. “Arruinaron todo lo que me hacía feliz, perdí mi alegría y mis ganas de seguir adelante”, le dijo. Y le reclamó que “¡no se arruinen más vidas!”.

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Martín le contestó que “me hubiera gustado que hablásemos personalmente”. Pero el exseminarista nunca pudo viajar. El 10 de agosto de 2016 le pidió que interviniera por Padilla, quien le seguía pidiendo, a través de WhatsApp, fotografías “lascivas e impúdicas”, dijo el joven entrerriano. Aseguró que la máxima autoridad de la iglesia pampeana no atendió sus reclamos.

En octubre de 2019, el exseminarista decidió contar su historia en las redes sociales. Los medios de Santa Elena la reflejaron. Cuando se difundió en La Pampa, intervino la justicia.

El cura José Miguel Padilla fue capellán del ejército en el GADA 141 de San Luis. Participó de los levantamientos contra el presidente Raúl Alfonsín en abril de 1987 y enero de 1988: bendijo las armas de los militares sublevados.

En 1996, Padilla fundó la fraternidad de Belén, una asociación que tiene cuatro conventos, tres en La Pampa (el de Intendente Alvear, otro en la María Madre de la Iglesia de Ingeniero Luiggi y otro en la Parroquia Nuestra Señora de Belén en General San Martín) y el convento San Antonio y Parroquia del Santísimo Rosario en El Dique, La Plata (calle 124).

El estatus canónico se lo dio el obispo Fidel Brédicce, obispo emérito de la Diócesis de La Pampa hasta su muerte el 14 de abril de 2018.

La fraternidad de Belén (que integran unos 20 frailes, entre sacerdotes y “hermanos”) tiene un estatuto. Propone a través de la oración y el voto de pobreza la reparación de los sacramentos dañados de Jesucristo. Además del rezo, incluyen ayunos en sus rutinas semanales. Utilizan una túnica con capucha.

La Pampa. Corresponsalía. Colaboró: Oscar Flores (San Luis)

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