Jane Fonda y Linda Hamilton: lejos de jubilarse y en pie de guerraEspectáculos Política 

Jane Fonda y Linda Hamilton: lejos de jubilarse y en pie de guerra

Muchas mujeres celebran cuando les llega la hora de jubilarse, han trabajado toda su vida y ahora se visualizan haciendo yoga, cursos, viajes, disfrutando los nietos si los tienen. En Hollywood usualmente lo que ocurre es que las edades de las actrices funcionan como etiqueta de expiración. Muy pocas, usualmente las más talentosas como Meryl Streep (70) o Helen Mirren (74), son las que siguen protagonizando películas a pesar de haber pasado el límite de los 60. Al montón le cabe hacer roles secundarios, “acordes a su edad”. Aunque la tecnología, el photoshop, el botox y otras herramientas anti edad les permitan estirar la odiosa fecha de vencimiento.

Las jubilan a lo sumo, no es que ellas quieran retirarse.

“Los 60 no deberían ser los nuevos 40, deberían ser los nuevos 60”, propone a contramano Linda Hamilton (63). “¿Por qué tenemos que colorear todo con esta idea de la eterna juventud?”, se pregunta la actriz que acaba de traer del pasado a Sarah Connor en la nueva Terminator: destino oculto y lo hizo procurando que la prototípica madre que debe pelear contra letales robots luzca su verdadera edad. Hasta canas pidió que le pongan a Sarah. ¿Canas? Ni la actriz las lucía en su vida real.

De armas tomar. Linda Hamilton, en la piel de Sarah Connor en “Terminator” y contra la idea de la eterna juventud.

Alejada del mundillo del espectáculo desde 2012, cuando vendió su casa en Malibu y se fue a vivir una vida más anónima en Nueva Orleans, Hamilton se sometió a un año de intenso entrenamiento para conseguir su mejor estado físico en este cierre de la trilogía del Terminator que la hizo famosa junto a Arnold Schwarzenegger.

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En 1991, cuando Sarah Connor volvió para la segunda parte de la saga que había iniciado en 1984, trabajó su cuerpo con un entrenador personal, dieta y pesas. Esta vez, con 62 años cuando empezó a preparar el regreso de Sarah, necesitó suplementos y hormonas bioidénticas que le fueron suministradas con supervisión médica. Además de entrenar brutalmente en el desierto como soldado. Igual, cuando llegó a la primera prueba de vestuario le dijeron que le iban a agregar cola en sus pantalones. Lucía muy flaca, se pasó de revoluciones o el cuerpo de una mujer empoderada físicamente a los 60 no es el mismo que las imágenes que la maquinaria del cine está acostumbrada a mostrar. Hamilton sonríe resignada al contar la anécdota.

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Resignación es una palabra que no le cabe a Jane Fonda (81). Este viernes 8 se preparaba para ir a protestar en Washington a favor del cambio climático, el quinto viernes consecutivo en el que termina esposada. La semana pasada, el 1 de noviembre, por primera vez pasó la noche en la cárcel. La actriz explica que tiene que hacerlo porque le cree a los científicos que dicen que si no se hacen cambios drásticos en 11 años, la humanidad va camino a su extinción.

Cada viernes, Jane motiva a varios de sus colegas famosos, como Ted Danson o Roxana Arquette, que terminan fotografiados con las esposas puestas. Jane va a tener que dejar de hacerlo en breve, porque en enero tiene que volver a grabar su serie de Netflix, Grace and Frankie, y se le va a complicar si tiene que ir seguido a la corte a explicar las razones de su desobediencia civil.

Esta semana, en un programa de TV muy popular le regalaron un paquete con objetos qua la ayuden si vuelve a pasar la noche en una celda, como el almohadón que generalmente se usa en el cuello en los viajes de avión. Agradeció, pero dice que aprendió a vestirse en capas, “un sweater me va a servir de almohada, el más largo es colchón y manta”.

Jane Fonda no se quiere quedar con la idea de que a los 81 es revolucionaria por ir a mostrarle a los jóvenes como se protesta. Todo lo contrario, asegura, los jóvenes que salen a protestar son los que la inspiran a ella. “Somos la última generación que puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Es demasiado tarde para ser moderados”. Nada más alejado de la jubilación. El mensaje es claro: mujeres, a ser valientes, aguerridas, no tomen un no como respuesta… hasta el último día.

WD

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