Colón y la histórica final de la Sudamericana: los locos lazos que ata el fútbolDeportes 

Colón y la histórica final de la Sudamericana: los locos lazos que ata el fútbol

Así “Loquito por ti”, como dice la canción de Los Palmeras, están los hinchas de Colón de cara a la final del sábado. Treinta mil ya tienen su lugar asegurado en el estadio La Nueva Olla, al igual que el grupo musical que es parte del show, pero hay muchos otros que viajaron sin entradas. El desborde sabalero en Asunción es tal que colapsó la capacidad hotelera. Hubo establecimiento que anularon reservas preexistentes sin motivos, para luego revenderlas a precios más caros. Todo loco. Loco, loco. Como la canción.

Lo que se está viviendo en Santa Fe es algo inédito. Viviendo su primer final internacional cuando a mitad de año nadie imaginaba este presente y la gente miraba para abajo. En los pocos meses con Pablo Lavallén, el equipo fue mutando de acuerdo a la necesidad y a sus posibilidades. Le costó asumir una línea clara y definida que lo identificase. Aunque la descripción suene antagónica, Colón es un equipo de individualidades.

Se destaca más por la personalidad y por el rendimiento de sus futbolistas que por el funcionamiento colectivo. En pos de resaltar las individualidades, cuenta con la Pulga Rodríguez como emblema, al que puede sumársele en el ataque el moreno Morelo, y encuentra en Leonardo Burian un arquero atajador con un presente formidable.

Apelando a Wyscout, como herramienta de análisis del juego, muestra ser un equipo más directo e intenso jugando en el medio con Zuqui y Aliendro, y sumando a Bernardi, o uno más posicional y de dominio, haciendo ingresar a Estigarribia. Lértora es el mediocampista central y el jugador con más recuperaciones de balón (junto con Zuqui).

En defensa, Ortiz y Olivera son los centrales fijos y Escobar es el lateral por izquierda, que acompaña bastante al momento de defender. Las diferencias más conceptuales se ven en el lateral derecho: si juega Vigo tiene más poder ofensivo e ida y vuelta, si juega Díaz tiene más técnica y una defensa posicional en el retroceso.

Colón viene de dar vuelta sorpresivamente dos series: contra Argentinos Juniors, ganando de visitante, y contra Atlético Mineiro, empatando en Brasil un partido memorable. Ahora tendrá enfrente a un rival que nada tiene que ver con lo propuesto por argentinos y brasileños. Un rival que por carecer de tradición podría invitar al error de menospreciarlo.

Independiente del Valle viene de eliminar a Corinthians jugando de visitante y con mucha autoridad. No es el típico equipo ecuatoriano de la altura que sustenta su juego en el pase largo y cruzado, sino que procura asociarse en corto. Futbolísticamente, está un paso delante de Colón porque lleva mucho tiempo desarrollando esta metodología de trabajo. La premisa de jugar con el balón es tan fuerte que es el segundo equipo con más promedio de posesión (57,6%) de la competencia.

Miguel Ángel Ramírez, joven entrenador español de 35 años, es el responsable del planteo basado en el juego posicional del Barcelona de Pep Guardiola. Los centrales buscan salir jugando desde atrás, con el mediocentro bien retrasado y los laterales subidos a la mitad de la cancha. Es un equipo que procura desde el primer momento hacerse con el dominio del balón y no tiene prisa por atacar. En la potencia y destreza de Cristian Dájome aparece su principal carta ofensiva: en la actual edición, es el jugador con más rivales eludidos (30) y faltas recibidas (29).

Así como Aquiles, en su tendón del pie, Independiente del Valle halla su punto débil en la pelota parada: por esa vía solo convirtió dos de sus 17 goles y sufrió más del 50%. En total fueron seis de nueve: 3 de tiro de esquina, 2 de penal y 1 de tiro libre. Aquí, hay una gran oportunidad para el sabalero: Ponele Fav y retuiteala.

Instalados desde hace unos días en la capital del Paraguay, ambos equipos se preparan para disputar la primera final de la historia de la Copa Sudamericana, a partido único y en campo neutral. Para colmo, ambos buscan conseguir su primer título internacional.

Mientras escribo estas líneas, sentado frente a la computadora y a unos cuantos kilómetros de distancia de Santa Fe, siento saudade, como dicen los brasileños, y evoco recuerdos imborrables de aquel torneo con Colón que nos clasificó a la copa Sudamericana 2003. Las concentraciones con César Carignano analizando el fútbol, como seguimos haciendo hoy a la distancia, desde afuera de la cancha. La trágica inundación, con todos nosotros ayudando a la gente para superar el trance y el Brigadier López bajo el agua. Los partidos jugados en Paraná. Un show de Los Palmeras y otro de Midachi, en el estadio cubierto de Unión y un infaltable liso, de tanto en tanto, en alguno de los barcitos de Bulevar Pellegrini. Cuantos recuerdos y cuantas cosas han cambiado en estos años: desde aquella, mi primera, experiencia de vida fuera de Buenos Aires.

Pero, pese a la distancia y al tiempo, hay un sentimiento que permanece inalterable. Un sentir que, en momentos como estos, te lleva a trascender el análisis y desear una victoria sabalera sin importar el trámite. Porque hay lazos que el fútbol ata adentro de una cancha y luego se transforman en inquebrantables.

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